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Cómo incidir en la política real

Silvia Salgado desmenuza la participación activa del Partido Socialista de Ecuador en el proceso político que en su país conduce el Presidente Rafael Correa, desde una posición que aporta capacidad de propuesta y de crítica a la vez. “Es el momento de la consecuencia de la izquierda”, sostiene. La autora de la entrevista es Paula Orsini, politóloga y militante socialista.

 

Entrevista con Silvia Salgado,

Presidenta del Partido Socialista de Ecuador

Cómo incidir en la política real

 

Por Paula Orsini

 

- En 2006, Rafael Correa obtuvo la presidencia de Ecuador en unas elecciones que significaron una fuerte impugnación para los partidos políticos tradicionales. ¿Cómo se inserta ese proceso en el escenario regional? ¿Cuál es el rol que ha venido desempeñando el PSE en ese contexto?

 

Se impone ya destacar la profunda corriente de renovación que vive el continente, con el ascenso de tendencias democráticas y socialistas en muchos gobiernos. Una primera reflexión sobre esta cuestión pone en evidencia el fracaso del modelo económico neoliberal impuesto en América Latina, contra el que se produjo una lucha política y de resistencia social en la que la izquierda latinoamericana ha tenido una incidencia importante. La caída del muro, que significó la pérdida de algunas referencias políticas y simbólicas importantes para parte de la izquierda, propició también la aparición de nuevas alternativas, que levantaron la bandera del cambio de modelo y el incipiente armado de un posible nuevo proyecto socialista. Sin embargo, la discusión teórica sobre cuál debe ser el modelo alternativo al neoliberalismo es un tema que divide a la izquierda, lo que evidencia que todavía no se han conseguido articular consensos significativos al respecto. En el caso ecuatoriano, el PSE fue el primero en apoyar la política de cambio impulsada por Rafael Correa como lider del Movimiento PAÍS, que en 2006 pudo llegar al gobierno, y que ha impulsado muchas de las medidas que eran parte del acuerdo programático con el  PSE. Desde el inicio de este proyecto hemos propiciado nuestra autonomía organizativa, pero a la vez hemos asumido una posición que aporta capacidad de propuesta y de crítica a la vez. Como populista, Correa tiene la virtud de recuperar desde su propio estilo un discurso patriótico, nacionalista, progresista y de rescate de la soberanía. Frente a la crisis de los gobiernos de la democracia cristiana, de la socialdemocracia, que se derechizaron, la aparición de Rafael Correa ha permitido que se fuera estructurando un espacio orgánico que apoya la tendencia, aunque por momentos las aspiraciones de algunas de las fuerzas que lo integran lo amenazan. Frente a esta situación, Correa no ha ofrecido concesiones, aún cuando ha tenido que marchar solo en su propio camino y la tendencia  de alguna manera atrás. En algunos momentos del proceso de cambio la izquierda se ha resistido a aceptar el estilo del presidente, sin embargo, nosotros como PSE nos hemos planteado avanzar en el proyecto desde adentro, no desde la estructura pero sí desde los niveles de decisión. En la Asamblea Constituyente, por ejemplo, hemos participado activamente como partido.

 

- Actualmente están en curso en América Latina numerosos procesos que se ubican en el centro izquierda, o que se referencian en la izquierda democrática, lo que configura un escenario nuevo para la región, aparentemente propicio para la consolidación de políticas progresistas. ¿Cómo cree que puede avanzarse en la generación de un consenso post Washington para que estas experiencias puedan consolidarse en la región, y sobre qué pilares debería plantearse una salida superadora de la propuesta neoliberal?

 

- La idea es construir un modelo alternativo al neoliberalismo planteado desde la izquierda. En el caso de Ecuador, hay que evitar la tentación que solemos tener en momentos críticos y de grandes diferencias, cuando nos detenemos en aspectos netamente teórico-ideológicos, y no ubicamos cuál es la realidad objetiva de Latinoamérica y del mundo. Por eso es que creo que la tarea actual es construir un modelo de transición que vaya decantando esas diferencias y generando consensos que permitan avanzar tanto a nivel nacional como de la región. Ese es el camino en este momento y la prioridad, porque no creo que tengamos lugar a vacilaciones, no podemos ya permitirnos que las dudas nos detengan o nos hagan retroceder. Es el momento de la consecuencia de la izquierda, pero fundamentalmente de los consensos involucrando a otros sectores que son hoy actores sociales importantes para el éxito del proceso. El PSE ha tenido la posibilidad aún desde afuera, ya que no forma parte orgánica del Movimiento, de participar en instancias formales donde plantear, discutir, y debatir estas posiciones y sobre todo se ha dedicado a desplegar estrategias tendientes a fortalecer la base social, a generar esa conciencia de apoyo a este proceso para que no sea únicamente el apoyo a una persona.

 

- La mejora de la institucionalidad parece estar ligada a la posibilidad de consolidar estas nuevas experiencias de gobierno. En el caso de Ecuador, que ha sido durante la última década el país con mayor inestabilidad política de la región, la urgencia de las reformas se impone, como ha sido de hecho recogido en la letra de la nueva Constitución ¿cuáles son los principales cambios a nivel político, económico  y social que se introducen, y qué  expectativas despiertan?

 

- Primero, el propio carácter del gobierno y su política han permitido obtener algunos logros muy evidentes. Por ejemplo, el hecho de que Correa haya declarado sin tapujos una confrontación con los organismos crediticios y usureros que son las sucursales de los intereses del capital financiero especulativo. Esto tiene su razón de ser en la necesidad establecida por la nueva Constitución de cautelar la soberanía nacional en el sentido más amplio. Por eso es que nosotros sostenemos que la principal novedad de esta Constitución es el carácter mismo del estado, un estado de derecho, un estado incluyente, cuando plantea por ejemplo la pluriculturalidad, la plurinacionalidad, cuando promueve un estado laico y garantista de derecho. Si bien muchos de los logros en materia de  derechos fueron alcanzados en la anterior Constitución, la nueva los amplia y los garantiza. Otro punto importante es que sienta ya las bases de un nuevo modelo económico alternativo al hablar de un régimen de desarrollo donde se incluyen en el sistema de producción mecanismos de la economía solidaria, de la economía comunitaria, y desincentivos concretos a las políticas especulativas del capital financiero y a la desregulación del mercado. Esta Constitución, si se cumpliera, sería la más avanzada que el Ecuador haya tenido, ya que amplía los derechos sociales y políticos, los derechos económicos y del medioambiente, mediante la recuperación de los recursos naturales como patrimonio del pueblo: queda en manos del estado el deber de garantizar la recuperación y la administración de todas las áreas estratégicas de la economía, para cumplir con los objetivos de este modelo económico alternativo identificado como nuevo régimen de desarrollo. Hay un foco central en el ser humano, se rescatan los valores de solidaridad en cambio del valor del mercado del sálvese quien pueda. A pesar de que aquí se sigue discutiendo si es socialista o no, creo que se trata de una Constitución que rescata un estado regulador cuya misión es redistribuir la riqueza, impulsar otras áreas de la producción y fundamentalmente tutelar la soberanía nacional. A su vez, este régimen de desarrollo soberano se sostiene explícitamente en el marco de la integración latinoamericana. Hablamos de solidaridad mancomunada en la región, de mecanismos de negociación y de una política monetaria nueva para el subcontinente, que acabe con el privilegio que algunos gobiernos han venido dando en estos últimos 30 años a la política de endeudamiento externo o a los compromisos internacionales que condicionan la política económica y social de los estados. Además recoge una preocupación sentida en el país: que para casos de interés nacional o situaciones de riesgo se establezcan mecanismos de democracia directa, estableciendo la consulta popular para tomar decisiones cuando estas afecten o pongan en riesgo posibles medidas profundas. Esto plantea un reto para la izquierda, que tiene que ver con el desafío de encarar la organización popular, avanzando en la cultura y la politización de las masas, una tarea que no pertenece a Rafael Correa ni a ningún político, sino que es la tarea histórica de la izquierda y de los sectores progresistas. Creo que todos estos elementos, con su combinación de riesgos y oportunidades, nos permiten entender que estamos en un proceso de transición y no necesariamente en un modelo socialista alternativo al neoliberalismo, que aún es necesario consolidar.

 

- Junto a la necesidad de mejora institucional, los gobiernos del centro-izquierda en la región han puesto en la agenda política la centralidad de la movilización y participación ciudadana. Teniendo en cuenta que históricamente el socialismo ha tendido a tener una visión clasista en relación a cuál es el sujeto popular que debe sostener el avance de los cambios, ¿cómo se prepara el PSE para el desafío de reconstruir y fortalecer su base social? ¿cuáles son las perspectivas y las tareas?

 

- Hace aproximadamente un año, cuando se iniciaba este proceso, tuvimos un Congreso Nacional del Partido en el que se ratificaba la orientación histórica básica de constituir partido de cuadros, un partido pequeñito, que no se abre a escenarios de cambio y por tanto tampoco a nuevas fuerzas y actores. Creo que la propia dinámica política de la actual coyuntura ha ido definiendo que este partido tiene que conseguir tener incidencia ideológica en la política real. Para eso es necesario ampliar la base social de manera de superar una visión netamente clasista y gremialista, que nos imaginaba representando en abstracto los intereses de los sectores desprotegidos. Por eso nos hemos planteado seriamente la posibilidad de transformar este partido pequeño, sin mayor incidencia en el escenario político, en un partido que pueda constituirse en una alternativa y en un soporte ideológico al gobierno, a este proyecto, y es por eso también que hemos tomado la decisión de mantener una alianza programática con el gobierno de Correa. Las decisiones del partido tienden a superar esa visión reducida de la política, y nos enfrenta a una reflexión teórica sobre cuál ha sido nuestra relación con el movimiento sindical, con el movimiento indígena, con el movimiento estudiantil, cuando planteamos y sostenemos una serie de cambios que obviamente no tienen sentido si no llegan a todos los sectores, incluidos al sistema de partidos del Ecuador, del cual formamos parte. Una bandera levantada en todo este proceso ha sido justamente contra la partidocracia, contra los partidos que han sido gobierno, que han ocupado el estado, pero ni el partido socialista ni el resto de los partidos están fuera de esa crítica, y deben por tanto también ser objetos de los cambios. El mismo desafío enfrentamos en las universidades, alejadas actualmente del rol histórico que han sabido tener.  Hoy, y como parte del cambio, se pretende impulsar un debate público sobre su quehacer, para que estos sectores que son los tradicionales apoyos sociales de la izquierda reaccionen y aporten, porque no podemos pretender que todo cambie si nosotros no generamos los cambios en aquellos sectores en los que podemos incidir. Ese es el gran reto, y es el planteamiento que se hace una nueva generación del Partido, con todas las dificultades que sabemos conlleva entender los cambios. Se generan en primer lugar luchas internas permanentes, debate interno, situaciones difíciles de  enfrentar. En este país, por ejemplo, no ha habido nunca una práctica de las mujeres al frente de los partidos, entonces este reto lo hemos asumido generaciones nuevas, y estamos tratando de enfrentar las dificultades y avanzar en la ruta trazada por el pueblo, porque no podemos ser Partidos que nadan contra la corriente. Existen grupos en la izquierda que cuestionan que el partido esté dentro de este proceso acompañando al Presidente Correa, y que no opte por liderar otra tendencia. Obviamente estos sectores cuestionan la ruta en la que hoy está el país a partir de precisar la cuestión teórica, y reclaman inmediata nacionalización de todos los recursos, reclaman ya medidas más radicales, cuando en verdad no creo que estemos todavía con una correlación de fuerzas que garantice que este proceso avance, y luego se radicalice.

 

- En relación al estado de los procesos que detalla en el Ecuador y de su perspectiva sobre América Latina, ¿qué amenazas advierte? Ante un supuesto fracaso de estos gobiernos, ¿por donde sigue la historia?

 

Hay limitaciones, estos procesos tienen necesariamente limitaciones, tienen obstáculos y contradicciones. El nivel de confianza que tiene la izquierda sobre estos procesos está siempre en cuestionamiento, incluso desde el propio PSE, que pretende estar dentro,  porque no podemos desconocer que en las coyunturas actuales es muy difícil tener amplias capacidades de control. Pienso de hecho en el contexto que configura la crisis financiera internacional, que va determinando que los propios gobiernos ya en ejercicio tengan que tomar medidas que no habían estado previstas, que no eran parte del libreto. Desde el inicio, por ejemplo, el propio gobierno, junto al movimiento oficialista, los sectores sociales y políticos de izquierda y el pueblo ecuatoriano apoyaron el no pago de la deuda  por considerarla ilegítima, ilegal y usurera, y de pronto tenemos medidas últimas que declaran su pago. Son situaciones contradictorias. Igualmente, nosotros no podemos endosar toda la historia del movimiento social, todas sus luchas, todo su proyecto histórico a lo que podrá ser el éxito o el fracaso de un gobierno. Creo que nosotros tenemos que levantar y mantener la autonomía, no institucionalizar la lucha social ni tampoco las organizaciones sociales, porque sin duda alguna eso constituirá la mejor reserva, en caso de que este proceso fracase, que permita tener la capacidad de respuesta para avanzar y evitar cualquier retroceso. Toda la actual situación es tan difícil porque la derecha camuflada, con otro ropaje y todo, si bien no tiene ahora la capacidad de ganarle al Presidente Correa, apunta en primera instancia a obtener escaños en la Asamblea Nacional y propender desde allí a una reforma de la Constitución, hecho que sería realmente desastroso, pero no para el PSE, sino para el proyecto de país y de Latinoamérica que defendemos. Tenemos esos riesgos, incluso cuando desde el propio gobierno, del movimiento oficialista,  no se tiene la intención ni el interés de abrir espacios de consenso con las fuerzas sociales. Obviamente los cambios nunca han sido fáciles. Hoy mismo el gobierno es atacado por algunas de sus políticas, que han conmovido muchos de los equilibrios enquistados, desafiando por ejemplo la presencia de la CIA y de la DEA en este país. Entonces yo creo que vamos en el camino cotejando, empujando, reafirmando, pero también con una posición crítica frente a la salida que se da a la crisis, que por su carácter mundial y por su profundidad afecta indefectiblemente a Ecuador y a toda América Latina. En un país que ha perdido su autonomía hasta en la moneda, se trata evidentemente y más que nunca de momentos para construir consensos y de momentos de unidad. Por eso nuestro discurso y nuestra práctica política jamás dejarán de privilegiar la convocatoria a la unidad de la izquierda y de las fuerzas democráticas y sociales como el único camino de afrontar cualquier proceso de cambio que se inscriba en los caminos ya recorridos por el socialismo en nuestra región.

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