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Debate: Las empresas cooperativas y los servicios esenciales

El autor aporta al debate sobre el rol de las empresas cooperativas y su potencial para mejorar la calidad de vida de la sociedad mediante su participación en la prestación de los servicios esenciales, entendiendo por tales aquellos que deben ser ofrecidos a todos los habitantes, sin exclusiones de ninguna especie. Como predominantemente fueron cubiertos durante décadas por empresas y reparticiones del sector público, han sido rutinaria y tradicionalmente denominados servicios públicos. En realidad, se trata de servicios esenciales de carácter domiciliario, tales como electricidad, gas, agua potable y desagües, telefonía y televisión por cable, y aquellos prestados fuera de los domicilios y que requieren instalaciones de uso común, como los de educación y de salud. Ponencia escrita para el Congreso Provincial Cooperativo,  Santa Rosa, La Pampa, 5 y 6 de agosto de 2010.

 

EL AUTOR

 

Síndico Titular de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (COOPERAR), Prosecretario de la Federación Argentina de Cooperativas de Consumo y  Presidente del Consejo de Administración de EL HOGAR OBRERO Coop. Ltda.

 

 

Con estas líneas pretendemos:

 

Acostumbro a comenzar mis notas sobre el cooperativismo expresando que ésta es un nueva incitación para debatir cómo lograr una mayor participación de las empresas cooperativas (EC) en el PBI y, especialmente, una mayor cantidad y una mejor calidad de puestos de trabajo en el sector cooperativo.

 

Confío en que esta nota contribuya a incitar debates para que las empresas cooperativas incrementen su participación en la prestación de los servicios esenciales para el bienestar de la población. Aclaro, desde el comienzo, que entiendo por servicios esenciales aquellos que son ofrecidos desde hace décadas por empresas y reparticiones del sector público, y que por ello han sido rutinaria y tradicionalmente denominados servicios públicos.

 

En una primera instancia me refiero a los servicios esenciales de carácter domiciliario, tales como electricidad, gas, agua potable y desagües, telefonía y televisión por cable. En una segunda oportunidad, me referiré a los servicios prestados fuera de los domicilios y que requieren instalaciones de uso común tales como los de educación y de salud.

 

Prefiero la denominación de servicios esenciales porque deben ser ofrecidos a todos los habitantes, sin exclusiones de ninguna especie, y la amplia experiencia argentina demuestra que no necesariamente deben estar a cargo de entidades del sector público. En efecto, en muchos pueblos, ciudades y regiones, estos servicios son ofrecidos por cooperativas que son empresas de derecho privado. En tales casos, ¿porqué hay que seguir denominándolos servicios públicos si son ofrecidos por entidades de derecho privado?

 

¿O acaso se considera que sólo las entidades públicas pueden garantizar el “derecho universal al acceso” a los servicios esenciales para el bienestar de todos los habitantes, sean o no ciudadanos del país?

 

Hay numerosos ejemplos en nuestro país que demuestran que cuando las empresas de lucro capitalista (ELC), cuyos excedentes (ganancias, lucros) son distribuidos entre los propietarios del capital según sus respectivas tenencias, no tuvieron interés económico en desarrollar esos servicios domiciliarios, éstos fueron desarrollados por el sector público, y cuando éste no quiso o no pudo hacerlo, fueron desarrollados gracias a las empresas cooperativas creadas con los aportes financieros y el esfuerzo solidario y mutualista de los pobladores del lugar.

En nuestro país, las empresas cooperativas han demostrado su capacidad para gestionar eficiente y eficazmente los recursos financieros y materiales aportados por los usuarios, y en muchos casos también los recursos otorgados en concesión por los gobiernos municipales y provinciales para ofrecer muchos de estos servicios esenciales.

 

Actualmente, hay señales de un cierto agotamiento de los recursos financieros captados por el sector público para asegurar la adecuada prestación de estos servicios y hay también indicadores de creciente insatisfacción por parte de los usuarios de tales servicios. Opino que hay un deseo generalizado de la población para que estos servicios estén a cargo de entidades donde haya una mayor participación de los usuarios en las decisiones de inversión y en el contralor de las prestaciones, y especialmente una mayor transparencia en el uso de los recursos financieros.

 

También hay exigencias para que estas entidades prestadoras de servicios esenciales sean económicamente auto sustentables, para que apliquen tarifas justas, para que tengan excedentes de capital patrimonial suficientes para realizar las inversiones necesarias para asegurar el mantenimiento y la renovación de los equipos e infraestructuras necesarias para la adecuada prestación de los servicios y para su permanente modernización.

 

En tales casos, ¿porqué no recurrir a las empresas cooperativas que generalmente, por decisión de sus asociados, destinan la mayor parte de sus excedentes a realizar inversiones para mejorar y ampliar las prestaciones destinadas a sus asociados y usuarios?

 

En otras palabras, estoy planteando la conveniencia de que las empresas cooperativas, y especialmente las federaciones que las agrupan por ramas de actividad económica y social, formulen planes para hacerse cargo progresivamente de la prestación de aquellos servicios esenciales, haciéndolo en forma consensuada con los gobiernos municipales, provinciales y nacional que actualmente sean responsables de esas prestaciones.

 

Adicionalmente, deseo que esta nota contribuya a mejorar las explicaciones a la sociedad sobre las evidentes ventajas de las empresas cooperativas para la prestación de los servicios esenciales de carácter universal.

El contexto local

 

El actual escenario nacional ofrece una oportunidad muy interesante para un decidido incremento de la participación de las empresas cooperativas en la prestación de los “servicios esenciales” a la población. Las cooperativas son escuelas de civilidad y de gestión transparente de recursos físicos y dinerarios que pertenecen en mayor o menor medida a los asociados. La proporción del capital perteneciente a los asociados respecto del patrimonio neto de la cooperativa depende del tipo de cooperativa. Así, puede ser muy pequeño en las cooperativas de distribución (crédito, seguros, consumo) y puede ser mucho mayor en las cooperativas de trabajo y en las de “servicios esenciales”.

 

Por su ideario, por sus valores y sus principios, por haber surgido del seno de la sociedad a partir de la búsqueda de soluciones a las necesidades insatisfechas de la población, las cooperativas pueden contribuir ya mismo con las entidades del sector público a mejorar la prestación de muchos servicios, hoy deficientemente atendidos.

 

Según cifras suministradas por el INAES, las cooperativas contribuyen en más del 8% al PBI nacional y en el ranking de “empleabilidad”, las cooperativas están en tercer lugar, después del sector público y de los supermercados. Sin embargo a la hora de definir políticas públicas y relaciones entre remuneraciones y trabajos, el cooperativismo no es llamado a las mesas donde se realizan estas negociaciones.

 

El cooperativismo de “servicios públicos” ya tiene casi un siglo de vida en nuestro país, y se ha ido desarrollando para aportar soluciones a las necesidades insatisfechas de la población.

 

Las empresas cooperativas de “servicios esenciales”, con el apoyo de sus asociados, de sus trabajadores y de las fuerzas vivas de las regiones en las que prestan servicios, deben abogar frente a las entidades públicas concedentes de las autorizaciones pertinentes, para asegurar condiciones de rentabilidad suficientes para permitir la distribución de excedentes, la amortización y reinversión en nuevos equipos y la puesta en marcha de nuevos servicios que conlleven la creación de nuevos puestos de trabajo.

 

La sociedad argentina ya tiene suficiente conocimiento respecto del funcionamiento de los sectores público y privado y del modelo de distribución de la riqueza generada por el esfuerzo del trabajo. En ese modelo, la prestación de los servicios esenciales por parte de las empresas cooperativas redituará en mejoras indubitables en la calidad de vida de sus poblaciones y en la ampliación de servicios ofrecidos.

 

Hoy en día, y frente a los pésimos resultados económicos y sociales derivados de las recurrentes crisis del “financierismo globalizador”, el cooperativismo, y especialmente el cooperativismo de trabajo asociado y el cooperativismo de servicios esenciales para la comunidad, aparece como un mecanismo organizacional idóneo y pacífico para mejorar la distribución del capital en la sociedad y para contribuir a mejorar la inclusión social de los desocupados estructurales y de los trabajadores informales mediante la creación de nuevos puestos de trabajo.

 

La relación trabajo - capital

 

La secuencia "trabajo–capital" tiene una lógica innata en el ser humano, y como tal ha sido interpretada y explicada por Karl Marx en El Capital (1848): El capital es el fruto del trabajo acumulado, y por el Papa León XIII en la encíclica Rerum Novarum (1891): "Ni el capital puede existir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital". En ambas frases, y considerando el contexto económico imperante en el siglo XIX, podemos interpretar que "sin trabajo no hay capital genuino. Más modernamente podemos citar a José Ingenieros en Las fuerzas morales (1925): “El derecho a la vida está condicionado por el deber del trabajo. Todo lo que es orgullo de la humanidad es fruto del trabajo….Todo el capital de la humanidad es trabajo acumulado; lo crearon las generaciones que han trabajado y son sus dueños legítimos las generaciones que trabajarán”.

 

Obviamente, en esta definición de la economía real excluimos las ganancias de capital financiero que se producen por la intermediación o comercialización de títulos representativos de activos financieros.

 

Sigmund Freud, retomando conceptos previos de Jean Jacques Rousseau en El Contrato Socia" (1762), insistió en varias de sus numerosas obras sobre la importancia del "equilibrio emocional" del ser humano y la referencia específica a dos de sus pilares indispensables: amor y trabajo. "Cuando un pilar no funciona, aparece el sufrimiento y se multiplican los conflictos con los otros". El trabajo es indispensable a la dignidad de la persona y al logro de sus máximas realizaciones personales y sociales. En la economía moderna, el capital genuino es mayoritariamente generado por el trabajo en las empresas productivas. Con el advenimiento de los procesos de industrialización, y de su fraccionamiento en operaciones unitarias, que luego se difundieron a los restantes sectores y actividades, se pusieron en marcha y se impusieron numerosos procesos de gestión destinados a incrementar la productividad de los factores de producción empresaria, particularmente los del trabajo y los del capital.

 

Rousseau también planteó la necesidad de la existencia del Estado (sector público), y expresó: "la persona pública consume sin producir nada. ¿De dónde saca, pues, la substancia que consume? Del trabajo de sus miembros. Lo que sobra a los particulares produce lo que el público necesita. De lo que se sigue que el Estado civil no puede subsistir sino mientras el trabajo de los hombres produzca más de lo que éstos necesitan."

 

Esta última frase de Rousseau es suficientemente ilustrativa. En otras palabras, para que el Estado pueda cumplir con las funciones asignadas por la sociedad, al menos asegurando la paz social e interviniendo para dirimir las litis, una parte del "sobretrabajo" de sus habitantes debe ser canalizada al financiamiento del Estado quien consecuentemente recurre a los mecanismos de percepción de la "fiscalidad o tributación obligatoria".

 

Es del caso agregar que hoy en día, otras partes del sobre trabajo son destinadas, en una enumeración no taxativa: a) al ahorro voluntario de los propios trabajadores en entidades bancarias y financieras, y b) al pago de contribuciones obligatorias a organizaciones intermedias organizadas para la defensa y protección de los propios trabajadores (sindicatos y obras sociales).

 

Las empresas cooperativas y la industrialización

 

Hace pocos meses, COOPERAR e INTI firmaron un acta de intención para materializar una mayor participación del sector cooperativo en la oferta de puestos de trabajo digno y en la contribución a la generación de la riqueza, mediante la puesta en marcha de industrias gestionadas por cooperativas afincadas territorialmente

 

El INTI ha promovido durante décadas el fortalecimiento de la capacidad de desarrollo y de innovación tecnológica en las empresas radicadas en la Argentina. El INTI dispone de un amplio acervo tecnológico para generar nuevos productos y nuevos procedimientos fabriles. En los últimos años ha diseñado programas de acción destinados a promover el desarrollo local, especialmente en zonas de nuestro país con escasos recursos de capital y de población, con el fin de incentivar la generación de puestos de trabajo que permitan la industrialización y la comercialización de los recursos primarios de esas zonas, con el claro y decisivo objetivo de promover allí la acumulación del capital así generado, base indispensable para lograr el desarrollo económico sustentable de las mismas.

 

Por su parte, COOPERAR, ha venido consolidando su función de representación y defensa de las empresas del sector cooperativo argentino, promoviendo su mayor participación en la generación de la riqueza nacional y en la subsecuente distribución entre sus asociados, sus trabajadores y sus usuarios. Las cooperativas argentinas, nucleadas en las federaciones adheridas a COOPERAR, se caracterizan por su respeto a ultranza de los valores y principios que sustentan el tradicional modelo cooperativo de gestión democrática y participativa de recursos y bienes de uso común, conceptos ampliamente demandados por la mayoría de los habitantes de nuestro país.

 

Ese desarrollo económico y humano local podrá contribuir a la integración horizontal y vertical en esas regiones, y podrá inducir, mediante adecuados planes de desarrollo habitacional, de salud, de educación y otros, a la migración inversa de poblaciones desde los grandes conglomerados urbanos.

 

En este esquema, las cooperativas afincadas en el territorio nacional y suficientemente reconocidas y valoradas por los habitantes a quienes les prestan servicios, son las entidades quizás más idóneas para impulsar la creación de industrias zonales.

 

En esta alianza estratégica entre INTI y COOPERAR, INTI pone a disposición la tecnología completa para el montaje y funcionamiento de plantas industriales de escala reducida, y COOPERAR, a través de sus federaciones adheridas, identificará aquellas cooperativas ya afincadas territorialmente, cuyos dirigentes estén familiarizados con la formulación de nuevos proyectos de producción o de prestación de servicios. En cada caso se suscribirá un acuerdo específico de colaboración.

 

Este es un gran desafío, quizás histórico, para la dirigencia del sector cooperativo. Es la hora de que nuestros dirigentes y nuestras organizaciones de derecho privado demuestren la capacidad para gestionar recursos aportados mayoritariamente por el ahorro y el esfuerzo de sus asociados para crear nuevos emprendimientos que contribuyan a paliar la falta de trabajo digno que sigue siendo la principal necesidad social insatisfecha.

 

[1] EHO/2008/202. "La empresa cooperativa - La respuesta al "financierismo" exacerbado" (La Gaceta, Nº 20, Dic. 2008, pág.07).

[2] EHO/2006/047. “El capital cooperativo e irrepartible - Su formación y acumulación” (La Gaceta, Nº 05, Feb. 2006, pág. 23).

[3] EHO/2008/183. "La cooperativa = Empresa privada sin fines de lucro" (La Gaceta, Nº 19, Oct. 2008, pág. 13).

[4] EHO/2009/077. "La empresa cooperativa y el trabajo" (La Gaceta, Nº 23, Jun. 2009, pág. 13).

[5] EHO/2009/098. "Las empresas cooperativas y los servicios esenciales" (La Gaceta, Nº 24, Ago. 2009, pág. 13).

[6] EHO/2009/133. "La empresa cooperativa y la capacidad emprendedora” (La Gaceta, Nº 25, Oct. 2009, pág. 11).

[7] EHO/2009/169. "Las empresas cooperativas y las comunicaciones” (La Gaceta, Nº 26, Dic. 2009, pág. 11)

[8] EHO/2009/198. "Las empresas cooperativas y la industrialización” (La Gaceta, Nº 27, Mar. 2010, pág.15).

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