Artículos por revista

Dictadura: Otros hijos, otras víctimas

Los autores sostienen que, si bien hay una extendida conciencia de los daños psíquicos infligidos a las víctimas de los procesos de represión política desatados en las décadas del '70 y el '80 en Argentina y otros países de América Latina, hay una nueva categoría de víctimas que no ha sido reconocida ni escuchada, que es la familia del victimario clandestino y, sobre todo, su descendencia. Los autores señalan que encarar este tema puede ser una contribución fundamental para completar el anhelo de un “Nunca Más”.

 

LOS AUTORES

 

Héctor Bravo: Médico psiquiatra, licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Rosario. Fue director de la Mutual de Servicios Médicos de la Cooperativa El Hogar Obrero, secretario general del Partido Socialista Democrático y Convencional Constituyente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Integra el Consejo Editorial de Revista Socialista.

 

María José Ferré y Ferré: Licenciada en Psicología de la Universidad Católica, atendió profesionalmente durante una década a niños y adolescentes hijos de militares en actividad entre 1976 y 1983. Con autorización de sus pacientes trabajó academicamente con sus casos clínicos. Presentó los resultados en el XI Foro Internacional de Psicoanálisis realizado en Chile en 2008, pais donde donde revalidó su título defendiendo esa investigación.

 

Creemos que nadie ignora lo que nuestro país ha tenido que vivir en materia de violencia y particularmente de terrorismo de estado. No obstante, nos parece oportuno un rápido racconto histórico antes de abordar las cuestiones “psi” que nos convocan.

 

A lo largo de su historia, Argentina tuvo un relato de sangre y violencia extendida. La guerra de independencia se desarrolló entre 1810 y 1824, aunque los últimos combates en territorio argentino tuvieron lugar hasta 1821; pero desde el momento mismo de la Revolución comenzaron también las contiendas civiles, más visibles después de 1815, y que culminan en forma general hacia la década de 1860, con la reunificación de la Confederación Argentina y del Estado de Buenos Aires, bajo la presidencia de Mitre. Es decir, casi 50 años de guerra civil intermitente.

 

De 1862 a 1930, si bien se desarrolla lo que se denomina la “democracia restringida o posible”, con alguna ampliación electoral desde 1912, hubo luchas y violencia política en las relaciones entre argentinos. De 1930 en adelante, comienza otro período convulsivo, de intervenciones militares que son interrumpidas por breves períodos de gobiernos civiles débiles, caracterizados por el ejercicio restrictivo de la democracia, por proscripciones y prácticas electorales fraudulentas.

 

En 1976 se inicia un nuevo período de ocupación militar de gobierno, que produce un hecho inédito (por su masividad) en el escenario político y social argentino: la política de desaparición de personas. Aunque en períodos anteriores, hubo algunos casos famosos, como la del médico comunista Ingalinella en Rosario (1955) o del obrero peronista Felipe Vallese en San Martín, estas desapariciones fueron intentos explícitos de ocultar la muerte ocasionada preterintencionalmente por la tortura aplicada a los mismos.

 

A partir de 1976, como dice Crenzel en su “Historia política del Nunca Mäs”: “…para doblegar la voluntad del enemigo, era necesaria su destrucción física. La clandestinidad procuraba evitar las denuncias de la comunidad internacional (como las) que recibía la dictadura chilena, y permite extender sin límites la tortura y eliminar a los opositores sin obstáculos legales o políticos. No quedarían huellas, los secuestrados perderían visibilidad pública, se negaría su cautiverio y su asesinato no tendría responsables” (pág. 33).

 

Pero al mismo tiempo, la política de desapariciones pondría en cuestión la dificultad de asumir legítimamente la lucha que desarrollaban los militares implicados. En una guerra convencional, la muerte de un enemigo combatiente en lucha, no es calificada como “asesinato”. En cambio, el secuestro, la tortura, la muerte y la desaparición de una persona, sea o no combatiente, queda como un “asesinato” porque el hecho clandestino del mismo, no puede ser asumido por el perpetrador como una acción legítima, pública. Así el como el secuestrado perdía visibilidad pública, también lo hacía el perpetrador o represor encargado de esa acción, quien no podía hablar de su actuación, so pena de volver a hacer público, lo que se había decidido convertir en oculto, en clandestino, en indecible.

 

Esto va a producir una nueva clase de víctimas de este victimario clandestino: su propia familia, y sobre todo, su descendencia. Categoría que, entendemos no ha sido debidamente estudiada aún. La extensión de esta presentación no nos permite ahondar en desarrollos teóricos sobre la transmisión inter o transgeneracional de vivencias traumáticas; por otra parte, basta recurrir a autores de la lucidez de Abraham, Torok, Eiguer, para ilustrarse sobre el pasaje de lo no dicho y no representado por una generación a las siguientes, a quienes les queda la tarea de intentar desencriptar ese mensaje. Los mencionados autores coinciden en que lo encriptado es siempre del orden del horror, del asesinato, de la falta, y su asunción por parte del perpetrador generaría una vergüenza insoportable.

 

A partir del trabajo clínico con hijos de militares, comenzamos a reflexionar sobre una suerte de repetición a nivel de la sociedad de una característica que observamos en el contexto familiar del grupo de pacientes a los que nos referimos: el silencio, silencio que NO ES SALUD (contradiciendo el tristemente célebre slogan que rodeaba el Obelisco durante los años setenta, como pretendida campaña contra la polución sonora). Nos preguntamos si la ausencia de estudios (al menos que cuenten con una amplia difusión) referidos a los hijos de los victimarios de la última dictadura militar argentina, expresaría otra forma de desconocer lo efectivamente sucedido en nuestro país, concepto éste aportado por Fernando González en La guerra de las Memorias. Citamos al autor: “... un tipo de acontecimientos efectivamente sucedidos en los cuales se produce una interferencia entre la Historia con mayúscula, que incide de manera determinante en las vidas de los implicados y las historias individuales; de ahí que no sea aleatorio el obviar la importancia de su efectiva facticidad. (...) Se trata de colocarse en una escala en la que se pueda dar cuenta del fenómeno interferencial de tal manera que impida considerarlo como algo puramente personal o, a lo más, como del ámbito de lo familiar” (p. 21)

Existe una nítida y creciente conciencia social del daño infligido en el psiquismo de las víctimas del terrorismo de estado.  No parece haber, insistimos, similar claridad en lo relativo a los efectos que el accionar de los victimarios podría tener en sus descendientes. Pareciera coexistir el “de esto no se habla” de la sociedad en general con el de cada uno de estos pacientes en su propio hogar. Frente a un silencio que se reproducía también en las sesiones, decidimos comenzar a interrogar por el sentir respecto a crecer con un papá militar en una Argentina de la post dictadura. La primer reacción era generalmente de sorpresa, en una curiosa mezcla con alivio: “de eso puedo hablar acá? Qué suerte, porque nunca me lo preguntó nadie!” contestó una joven que tenía en ese momento 25 años.

 

En relación a ello, resultan interesantes algunas observaciones que Baltasar Garzón y Vicente Romero hacen en su publicación: El alma de los verdugos: “(…) los únicos que podrían explicar cómo se comportan en la intimidad de sus hogares callan, igual que callan ellos (…).” “Lo normal es que la práctica de la violencia más extrema y despiadada desestabilizara a sus autores, y que también acabara resintiéndose de ello el siempre complejo entramado de las relaciones paterno filiales de los criminales de Estado” (p. 241). En nuestra experiencia profesional, resulta una descripción fiel del interior de esos hogares.

 

Algunas preguntas y reflexiones surgen: en primer lugar, respecto de las causas de dicho silencio: se deriva del “no querer saber” de la sociedad como defensa ante lo traumático, o más bien deriva de una tendencia a identificar a los hijos con los mismos victimarios, o si acaso el silencio que los hijos de victimarios sostienen resulta el factor determinante del silencio de la sociedad en su conjunto. Por otro lado, se nos presenta la cuestión nada menor, de la heredabilidad de la culpa. Desde la Biblia en adelante, la literatura documenta las veces que la humanidad ha rodeado este tema, con diferentes resultados. No realizaremos ahora ese recorrido bibliográfico porque excedería el alcance de nuestra ponencia.

 

La tensión y el secreto que conlleva la doble vida de un represor se extiende a todo su núcleo familiar. En los años '70, muchos de los miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad han negado su condición de tales y sus familias han acompañado en esa negación. Son “empleados públicos”. La justificación de su actitud no se encuentra en el reconocimiento del trabajo sucio que hacen, sino en la posibilidad de resultar víctimas de un terrorismo que desde su óptica hace una guerra indiscriminada contra quienes velan por la seguridad. Las esposas acompañan en este ocultamiento, y los hijos lo terminan naturalizando.

Crecer en un clima de sospecha, secreto y proyección paranoide, no puede sino llevar al desarrollo de síntomas como los que aparecen años después en la población que nos ocupa: pesadillas, identificación con el agresor, agresividad difusa, tendencia a la transgresión, dificultad para establecer identificaciones positivas.

 

¿Por qué ocuparnos los trabajadores de la salud mental de este tema? Por motivos de índole diversa.

 

Desde el punto de vista clínico y si se quiere psico-profiláctico, partiendo de postulados psicoanalíticos universalmente aceptados, es verosímil pensar que la posibilidad de tramitación vía comprensión, disminuye las posibilidades de repetición. Esto, entre otros factores, debido al advenimiento a la conciencia de identificaciones inconscientes con figuras paternas violentas o con sus víctimas; lo que generaría personalidades transgresoras o psicóticas en un caso, o con cuadros de desvalimiento en el otro. En el transcurso de los tratamientos hemos observado que la primera alternativa es seguida principalmente por los hijos varones; la segunda, en cambio, es encarnada por las hijas mujeres. No pensamos que se trate de algo azaroso, pero no podemos abarcar en el presente trabajo esta cuestión con la profundidad que amerita.

 

 La cripta deviene en fantasma en la siguiente generación, y si este fantasma no es puesto al descubierto por la saludable vía de la figurabilidad, se expresará ciertamente a través de la motricidad. César y Sara Botella definen la figurabilidad como: “Un proceso regrediente (…) que exige unificación, coherencia e inteligibilidad.” Al cumplir un papel reorganizador de la vida psíquica, termina diciendo, tiene un efecto antitraumático.

 

Desde el punto de vista deontológico, consideramos que a los profesionales se nos presenta una encrucijada compleja: cómo acompañar a estos pacientes en el proceso de develación de su historia y la de sus progenitores, teniendo presente el dilema al que hicimos referencia. Creemos que esta disyuntiva se ve agravada por la dificultad de sostener una actitud lo más objetiva posible, conservando la distancia adecuada para reflexionar más allá del horror que la historia argentina de esos años genera en nosotros. Las palabras del Dr. Maldavsky resuenan ligadas a estas cuestiones: “Cuando nos hallamos ante situaciones en las que el desenfreno conduce hacia el abuso moral o físico sobre otras personas, que a veces sólo cesa ante su degradación extrema o su muerte, nos llenamos de un ingenuo y horrorizado asombro no exento de cierta fascinación, que a su vez resulta reveladora. Nos preguntamos entonces, espantados, cómo han ocurrido tales atrocidades.” (Maldavsky, Linajes Abúlicos, pág. 219).

 

Esperamos contribuir, con estas reflexiones, a la apertura de un tema álgido y delicado, pero que estamos convencidos que debe ser encarado en tiempos lo más cercanos posibles. Sabemos que argentinos y latinoamericanos en general, hemos compartido el dolor y el horror de crímenes declarados de lesa humanidad. Instalar este tema, el de una nueva categoría de víctimas que no ha sido reconocida ni escuchada, puede ser una contribución fundamental para completar el anhelo de un “Nunca Más”.

 

 

 

Esta obra tiene un valor doble. Por un lado trae hasta hoy una de las experiencias clasistas más importantes de la historia argentina, la de los obreros de Sitrac-Sitram desarrollada entre marzo de 1970 y octubre de 1971 en la ciudad de Córdoba. Por otro,  y es aquí donde reside su originalidad y relevancia, recupera dicha experiencia a partir de la mirada del grupo de intelectuales reunidos en la revista Pasado y Presente, publicación surgida al calor de una época de radicalización de las masas que fue escenario del surgimiento de un nuevo paradigma político y cultural conocido como la Nueva Izquierda.

 

Unos cuantos borradores desordenados encontrados entre notas y escritos sin fecha en la que fuera la biblioteca personal de José María Aricó, fueron la excusa para la publicación de este dossier, hasta ahora no publicado, que reúne 13 documentos y 8 entrevistas, dedicados a analizar la serie de sucesos que llevaron a los trabajadores de las plantas Concord y Materfer de la empresa Fiat, a recuperar sus sindicatos de fábrica y entablar una gestión obrera reivindicativa sin interposición de órgano burocrático alguno, entre las demandas de las bases y la patronal empresaria.

Alfredo Palacios

La Vanguardia anuncia su relanzamiento en el mercado editorial con el libro + CD: Alfredo Palacios, el socialismo criollo, de Juan Carlos Coral en la colección Las huellas del futuro. 180$ (pesos argentinos, envío dentro de la Argentina incluído)

Comprar libro

 

Suscripción Revista en papel

La suscripción a la Revista Socialista incluye 3 números

Precio: $200 pesos para residentes en la Rep. Argentina.

Modo de entrega a convenir con cada suscriptor.

Residentes en el exterior haga click aquí.

Consultar precios y modo de entrega a revistasocialista@gmail.com

Adquirir suscripción

El pago se realiza a través del sitio seguro Mercadopago
¿Qué es Mercadopago?

Enlaces

 

New Left Review: http://www.lajornadaquincenal.com.ar


Revista Rebelión: http://www.rebelion.org/


Revista Nueva Sociedad: http://www.nuso.org/


Revista Sin Permiso: http://www.sinpermiso.info/


Revista Umbrales de América del Sur, CEPES: http://www.cepes.org.ar/umbrales-de-america-del-sur.html


Revista La Jornada Quincenal: http://www.prensajorgerivas.blogspot.com/


Blog de Jorge Rivas: http://www.prensajorgerivas.blogspot.com/


Blog de Oscar Gonzalez: http://saludyrs.blogspot.com/


Blog del socialismo bonaerense: http://www.igualdad-ps.blogspot.com/

 

Facebook