Artículos por revista

Rigor y Pasión: El legado de Rodolfo Mondolfo

Por Alberto Filippi

SINTESIS

El filósofo italiano Rodolfo Mondolfo, el 'socialista templado' en quien convergen el rigor filológico y la pasión intelectual, ha estado eclipsado por mucho tiempo y ha llegado la hora de saldar la deuda, dice el filósofo Alberto Filippi al prologar la edición de Escritos Escogidos, publicados en 2009 por la Universidad Nacional de Córdoba. En sus escritos, Mondolfo destaca el necesario vínculo entre filosofía y política, entre historia y cultura, para el ejercicio de la libertad e igualdad entre los hombres. Plantea que el socialismo podía tener un futuro sólo si fuese capaz de conjugarse políticamente con la idea y la práctica de los derechos de libertad. Mondolfo sostiene que en toda acción humana, de una clase o de una sociedad, hay un momento constituido por la toma de conciencia de las condiciones externas y un momento práctico, que consiste precisamente en la acción innovadora de los hombres. Este filósofo llegado a Argentina en 1939, tras exiliarse de su Italia natal, murió en el país que lo cobijó, el 15 de julio de 1976 poco antes de cumplir los 99 años.

EL AUTOR

Alberto Filippi es filósofo egresado de la Universidad de Roma La Sapienza, fundador del Departamento de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad degli Studi di Camerino y profesor visitante en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba.

Encomiable iniciativa la que ha tomado la Universidad Nacional de Córdoba, de recopilar algunos de los escritos del insigne profesor que honró con sus investigaciones y enseñanzas esta antigua casa de estudios. Tanto más necesaria y significativa es la decisión de mis colegas habiéndola tomado en ocasión de cumplirse los setenta años de la presencia de Mondolfo en el que fuera el comienzo de su exilio y de su magisterio latinoamericano, y a más de veinte años de la transición democrática que al fin permite una comprensión distinta, capaz de ponderar el envidiable rigor académico y el enorme valor que tiene para la emancipación cultural su vastísima producción concebida entre Italia y Argentina.

Pensador y militante del socialismo reformista europeo y de la controvertida interpretación “humanista” de Marx -que tendrá fundamentales analogías con los desarrollos teóricos en las distintas etapas del pensamiento de autores como el joven Lukács hasta el último Sartre, de Question de méthode, pasando por Benjamin y Korsch, así como, en otra dimensión histórica, del prematuramente fenecido José Carlos Mariátegui-, se puede decir que gran parte de su existencia ha sido solitaria y contracorriente, a la vez que precursora en la comprensión del vínculo que debía instaurarse entre socialismo y democracia en años en los cuales la dictadura racista de Mussolini lo obligó a la inmigración forzada. El predominio del estalinismo primero y de la guerra fría después marcaron la inevitable crisis y el eclipse de su visión del marxismo teórico y del socialismo político, ambos concebidos por Mondolfo en constante autonomía partidaria e intelectual respecto a las directrices que la Tercera internacional soviética imponía tanto en Italia como en Sudamérica.

Debemos recuperar, resarcir ahora, con la debida generosidad la memoria de la atribulada personalidad del uomo di cultura Mondolfo, condicionada por sucesivos, trágicos acontecimientos impuestos por la barbarie de su tiempo. Causas y efectos a la vez “de una intranquilidad universal de la que, -para decirlo con sus palabras- nadie podía sustraerse, especialmente de la tremenda guerra mundial, y menos que nadie yo, que había dejado en Europa, al viajar a Argentina a parientes y amigos en peligro permanente por las destrucciones y las persecuciones implacables” (1).

Por una dramática ironía del destino al llegar a Buenos Aires el filósofo sefardita tuvo que seguir remando en contra, dada la mentalidad de las derechas de la época y de las presiones de la política exterior italiana y sobre todo del Partido Fascista hacia Argentina, donde se habían constituido decenas de sedes organizativas y de propaganda del fascio. Vale la pena recordar que en los mismos meses -o poco después- de Mondolfo, llegaron al país casi un millar de hebreos italianos, algunos de los cuales incluso habían sido dirigentes del fascismo como el jurista Mario Deveali (redactor de la Carta del Lavoro) y el economista Gino Arias, junto con otros de militancia liberal o socialista como Renato Treves, Camillo Viterbo, Dino Jarach, o los matemáticos Beppo Levi y Alessandro Terracini y la joven hija Lore, los médicos León Lattes, Benedetto Morpurgo, Renato Segre, los científicos Benvenuto Terracini, Aldo Mieli, Andrea Levialdi, etc. Aunque, hay que decirlo, fueron bien acogidos más por los académicos y los opositores a Mussolini que por las autoridades argentinas, incluyendo las de algunas universidades, como es el caso del propio Mondolfo que a pesar de sus deseos y la insistencia no eficaz del decano de la facultad de Filosofía y Letras de la UBA Coriolano Alberini (a quien se dirigió por recomendación de Giovanni Gentile), tuvo que irse -en todo caso feliz de haber encontrado refugio para él, su esposa Augusta Algranati y sus tres hijos- a la entonces lejana Córdoba, donde, como él recordaba en la ya citada oportunidad, “entre amigos y discípulos me sentía como en mi familia; y en el ánimo mío, en el de mi querida esposa, que era consolación de mi vida, el afecto hacia Córdoba y los cordobeses se hacía siempre más fuerte y profundo”.

Por otra parte en el panorama político de las izquierdas, en esa Argentina ya entonces en proceso de grandes y polémicas rupturas, los amigos íntimos del socialista italiano fueron pocos, si bien dignos de ser recordados, como lo hacía él con su acostumbrado afectuoso agradecimiento, comenzando por Marcelino H. Alberti, el traductor de sus trabajos al cual Mondolfo le escribe desde Italia angustiado para que lo ayude a conseguir un “permiso de desembarco” -muy difícil de obtener después de la ley nº 54 de 1938 sobre control de la inmigración-, lo que logrará con el fuerte apoyo del senador socialista Alfredo Palacios. Lista de amigos a la que deberán agregarse con el paso del tiempo los nombres de Mario Bravo, Américo Ghioldi, Juan Antonio Solari, Oberdan Caletti, Francisco Romero, Nicolás Repetto, Luis Ferré, Emilio J. Corbiére, Luis Di Filippo y Gregorio Weinberg, entre los primeros en reivindicar desde el inicio del gobierno del presidente Raúl Alfonsín la relevante personalidad del filósofo ítalo-argentino.

Quiero añadir, para que se tenga una idea de la época, que el año anterior a la llegada de Mondolfo a la Argentina, en una intensa misión de propaganda y organización política de los “fasci argentini”, el presidente del Senado del Reino de Italia Luigi Federzoni, cuya presencia fue celebrada y aprovechada por los sectores más reaccionarios de la oligarquía promotora del golpe militar del general José Félix Uriburu, representada por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Manuel Fresco, portavoz de los “fascistizantes”. Uriburu, imitando en Buenos Aires la “marcha sobre Roma” de su declamado Duce, había inaugurado la “década infame” plagada de corrupción, presos políticos, anticomunismo feroz, fraude electoral y entrega escandalosa del patrimonio nacional, y el deleznable hábito de recurrir a un golpe de Estado cuando las minorías, incapaces de hegemonía, no pueden llegar al poder por el voto popular.

A complicar aún más las durísimas peleas internas al antifascismo de los fuoriusciti, y las divisiones entre socialistas y comunistas, el 23 de agosto de 1939 llegó la incomprensible  noticia de la firma del Pacto de no agresión entre Hitler y Stalin, que suscitó la reacción de la revista La vanguardia -fundada en 1894 por Juan Bautista Justo y dirigida en ese momento por Mario Bravo- cercana a las posiciones que iba a compartir Mondolfo, aunque desde entonces renunció a ejercer cualquier forma de actividad partidaria en su segunda patria.

Si analizamos críticamente la progresiva marginalización política del socialismo y del comunismo, como teatro de fondo de esa “desconexión” con la realidad que sufrió Mondolfo en la Argentina de esos años, y si la analizamos más allá de las coyunturas que la caracterizaron para comprenderla en una perspectiva de largo plazo, podemos asumir como clave de lectura una aguda observación de Juan Carlos Portantiero formulada para responder a la entonces crucial pregunta sobre cuáles fueron las implicaciones para la historia nacional de la “década infame” de los años '30. Pregunta que Portantiero se hacía al final de otra década -la de los '70-, no menos decisiva para un país en la cual se iban a consumir trágicamente las posibilidades de una acción socialista casi en coincidencia cronológica con los decenios de la permanencia en Argentina del socialista italiano.

“La Argentina contemporánea vive todavía hoy -escribía Portantiero en plena dictadura, tres años después de la muerte de Mondolfo- en muchos de sus rasgos, de las transformaciones puestas en marcha en los años '30. Pese a la ruptura que implicó la etapa peronista, las respuestas que las clases dominantes elaboraron para superar la crisis dejaron huellas profundas. En rigor, los que ahora han entrado en crisis son los esquemas de adaptación de la Argentina al ordenamiento mundial capitalista que abarcan los veinticinco años posteriores al golpe militar de 1930” (2).

II. Varias de las muchas razones de este largo eclipse del pensamiento de Mondolfo ya no tienen razón y ha llegado la hora -en Argentina y en América Latina más en general- de saldar la deuda que tenemos con él, tanto desde el punto de vista de sus estudios filosóficos como de sus elaboraciones en la perspectiva del socialismo y la democracia, tal como habían indicado en Italia sus más jóvenes referentes Lelio Basso y Norberto Bobbio interpretando -y aggiornando- el fecundo diálogo que Mondolfo había tejido con Piero Gobetti y Carlo Rosselli en la búsqueda convergente de un liberalismo capaz de afrontar las grandes cuestiones de las luchas del proletariado y de los sectores  populares y de un socialismo que fuera liberal en el respeto de los derechos individuales.

De manera análoga a la propuesta hecha en Italia por Basso y Bobbio en Argentina, tanto José Aricó como Portantiero reivindicaron el socialismo de Mondolfo auspiciando la necesidad de un desagravio que comenzará con re-pensar su marxismo teórico y a reflexionar sobre sus originales y rigurosas contribuciones a la historia de la filosofía.

Portantiero lo volvió a hacer en su última intervención pública en la Universidad de Buenos Aires, en un seminario internacional sobre Norberto Bobbio al recordar como en la Italia de comienzos del siglo pasado se habían planteado precozmente los fundamentos del debate político entre liberales y socialistas antes del derrumbe de ambas perspectivas político-institucionales con el advenimiento del fascismo. “Bobbio no emplea directamente la expresión 'socialismo liberal' que acuñara Carlo Rosselli cuando alude a la relación posible entre dos tradiciones ideológicas que tan a menudo han sido vistas como antagónicas. Y en la actualidad -sostenía Portantiero en 2006- tanto los fracasos del neoliberalismo conservador como del socialismo estatista, han servido de estímulo para la resurrección de una temática que alcanzará su cima en los años '30 y '40 del siglo pasado. La contribución italiana más importante -y además pionera- para el debate sobre esa articulación posible la dio Rosselli, quien en 1930 -durante su exilio en Paris, donde será asesinado por sicarios de Mussolini en 1937-, publica Socialismo liberal: la fundamentación más completa de la posibilidad de un compromiso entre esas dos tradiciones políticas. En la tradición del marxismo italiano -concluía Portantiero-, quien mejor recogerá esa temática tratando de interpretar los nexos entre socialismo y libertad fue Rodolfo Mondolfo, llegado a la Argentina en 1939 donde falleció entre nosotros a los 99 años, el 15 de julio de 1976” (3).
Las pertinentes observaciones de Portantiero implicaban el reconocimiento a la importancia que había tenido Mondolfo en la concepción del marxismo post-revisionista y anti-positivista de Rosselli. Tan fue así que Mondolfo resulta ser el único socialista cuya interpretación de Marx mereció respeto para la generación de Rosselli (y de Gobetti) entre los años 1923 y 1924, durante los cuales en la revista Critica sociale comienza a elaborar su idea del “socialismo liberal” y a dialogar con el Mondolfo autor de Sulle orme di Marx (del que había aparecido en 1923 la tercera edición, en dos volúmenes publicados por la editorial Licino Cappelli).

Rosselli reconoce el mérito del filósofo marchigiano de haber criticado tanto al “materialismo fatalístico” del revisionismo como al “voluntarismo anti-histórico”, tratando de superar con su visión del socialismo al “facilismo revolucionario como el estancamiento reformista”. En el ensayo Socialismo liberal, sin embargo, Rosselli tratará de ir más allá del marxismo mondolfiano, argumentando sin vacilación que sin el concepto jurídico-político y la práctica “de la libertad no se puede relanzar la fuerza creadora de las masas”. Por ello, “hasta cuando los socialistas no afirmen el valor absoluto en sí mismo de las libertades políticas, de prensa, de reunión, de pensamiento, seguirán siendo impotentes en la ardua tarea de enfrentar de manera victoriosa la lucha por la libertad”, escribía en el cap. VII de Socialismo Liberal.

En el prefacio, escrito en Córdoba en 1940 a la primera traducción de El materialismo histórico en F. Engels y otros ensayos (que había salido en Italia en 1912), Mondolfo insiste en el razonamiento de que “la exigencia de la libertad y de la personalidad humana, inspira la idea de la misión histórica, atribuida por Marx y Engels al proletariado, de instaurar el reinado de la libertad en una sociedad en la que el libre desarrollo de cada uno es condición del libre desarrollo de todos”.

Años atrás, en el prefacio a la tercera edición de Sulle orme di Marx (1923), respondiendo a un crítico que pretendía descalificarlo acusándolo de ser más liberal que socialista, no vaciló en responder que la “calificación de liberal” en el sentido en la cual la esgrimía su crítico, había podido ser aceptada por Marx y Engels pero no como opuesta sino como coincidente con la idea socialista, “dado que Marx -explicaba Mondolfo- definía la filosofía como arma espiritual del proletariado, precisamente en cuanto filosofía de la libertad, y en este mismo sentido, Engels saludaba en el proletariado al heredero de la filosofía clásica alemana.

Pero el largo siglo de Mondolfo fue tanto en gran parte del viejo continente como en muchos países de América la sistemática negación tanto de la “filosofía de la libertad” como del programa del socialismo en Europa. En contra de todo “utopismo”, liberal o socialista, las demoledoras experiencias históricas de la antidemocracia institucional le habían enseñado a Mondolfo y a Rosselli -con el régimen de Mussolini en Roma y de Stalin en Moscú-, que el socialismo podía tener un futuro sólo si era capaz de conjugarse políticamente con la idea y la práctica de los derechos de libertad y, por ello, coincidían en considerar “que históricamente el socialismo está destinado a ser el heredero del liberalismo”. Sobre la capital experiencia de las dictaduras en las elaboraciones de la concepción de la justicia social y las libertades democráticas en la obra de los dos socialistas, remito a las recientes investigaciones de Stanislao G. Pugliese (4) y Carmelo Calabró (5).         

Por otra parte, la referencia de Aricó y Portantiero a Mondolfo estaba en relación estrecha con la innovadora valorización del reformismo socialista, tal como la había planteado, partiendo de las condiciones históricas de la América latina,  Juan Bautista Justo –en ensayos que tanto Aricó como Portantiero habían escrito para rescatar críticamente la posición teórico-política asumida por Justo frente a la II y a la III Internacional, defendiendo la especificidad de la realidad argentina (pero también latinoamericana) respecto a las ideologías eurocéntricas que, por distintos motivos, habían dominado en ambas Internacionales.

No es para nada casual que esa reivindicación de Justo por parte de los dos ex comunistas argentinos haya sido precedida en el tiempo por un texto del propio Mondolfo publicado en la rúbrica “Rassegna di teoria del socialismo” en la revista  (fundada por el mayor dirigente del socialismo italiano de ese entonces, y que fue el primer referente del joven Mondolfo, Filippo Turati en 1891) Critica Sociale con el título emblemático de “La lotta di classe secondo Juan B. Justo”, aparecido en Milan en 1965. Mondolfo analizaba la interpretación que Justo había hecho de Marx (y de Jean Jaures) recogida en los trabajos publicados con el título de Teoría y práctica de la historia (1909 y 1915) en los cuales, brevemente dicho, Mondolfo interpreta a Justo desde su propia visión del marxismo, explicando que “la inspiración más profunda de su socialismo [de Justo] coincide con el marxismo de Marx como se ha podido evidenciar ahora especialmente con la publicación de sus manuscritos inéditos, [los económico-filosóficos de 1844 y La ideología Alemana, todavía desconocidas en la época de Justo] pero que el socialista argentino ya había intuido -afirma Mondolfo- sosteniendo que el socialismo era [para Marx] una exigencia teórica y práctica de la historia” (6).

III. Antes del período del exilio en Argentina, en los años de la censura cultural impuesta por el fascismo que hacía muy difícil la llegada a Italia de los textos marxistas y socialistas elaborados en Europa, ya Mondolfo intensificó su dedicación a la filosofía griega con el ensayo sobre “Veritas filia temporis in Aristotele” (publicada en los Scritti filosofici en honor de Bernardino Varisco, por Vallecchi editor, Florencia 1925), que según los biógrafos marca la nueva etapa en los estudios del maestro de Senigallia. Nótese, además, que su concepción de la historia de la filosofía está siempre vinculada a su interpretación de la “filosofía de la praxis” –punto culminante, como veremos, de su relación teórico-política con la herencia de Marx. Vínculo que se manifiesta en toda su obra y -hasta empleando el mismo léxico- con notable vigor y claridad, inclusive en uno de sus últimos trabajos -por lo demás fundamental-  vuelto justamente a publicar en esta oportunidad: “La contribución de Spinoza a la concepción historicista”.

Confirmando la antigua tradición de que la senescencia nos hace volver con la mente a los años de la juventud, también Mondolfo regresó no sólo a uno de sus núcleos teóricos preferidos, sino que ese leit motiv spinoziano del “volver al punto de partida” devenía una metáfora de su vida y, por extensión, la de nuestras mismas vidas, que representan un momento nada más de los infinitos ciclos de las historias del mundo. En efecto, Baruch Spinoza había sido uno de los autores juveniles estudiados por Mondolfo desde su tesis de laurea en historia de la filosofía (con el profesor Felice Tocco) defendida a los 22 años en la Universidad de Florencia y publicada (en 1900) con el título de Memoria e associazione nella scuola cartesiana. Cartesio, Malebranche, Spinoza, por M. Ricci en Florencia. En 1927 publica en la Revista di Filosofia “Spinoza e la nozione del progreso umano”, y en 1931 (en los Grünbergs Festschrift, en Frankfurt del Meno), “Il concetto della 'umwälzende praxis' e suoi germi in Bruno e Spinoza”. Estando todavía en su patria publica en la revista de Buenos Aires Dialéctica (abril, 1936), el ensayo “Gérmenes de Bruno, Bacon y Spinoza de la concepción marxista de la historia”, y en Babel -revista que dirigía Samuel Glusberg- publica en Santiago de Chile el artículo “Spinoza y la acción del progreso humano” (1946). En 1970 edita en Italia parte de sus ensayos “spinozianos” en la editorial fundada por Piero Lacaita, con el mismo título con el cual había publicado su trabajo en el Boletín de la Academia Nacional de Ciencias (tomo XVIII) de Córdoba, “Il contributo di Spinoza alla concezione storicista”. De tal suerte que este último trabajo spinoziano de Mondolfo viene a culminar análisis precedentes en esa actitud tan típica en sus investigaciones de insistir repetidas veces sobre determinados temas para ahondarlos y ampliarlos respondiendo a las críticas recibidas. Pero sobre el ensayo volveré al final de estas consideraciones.
Este “cambio” en los intereses disciplinarios de Mondolfo hacia el helenismo en el que llegará a ser junto con Eduard Zeller y Werner Jaeger uno de los mayores investigadores europeos, tuvo, por supuesto, un notable desarrollo en sus años argentinos. Además, junto con la filosofía antigua, en la Universidad de Córdoba primero y de Tucumán después, Mondolfo retoma y amplía en sus cursos las fundamentales temáticas de metodología y de historia de la cultura (y la filosofía) que habían sido objeto de su magisterio en la Universidad de Bologna en el año académico 1917/18 –y que será volcado en el ensayo “Problemas y métodos de la investigación en la historia de la filosofía”, publicado por los Cuadernos del Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional de Tucumán y luego traducido al italiano con el mismo título en 1952.

En la primera publicación del Instituto de Humanidades del ateneo cordobés, por él fundado en 1940, aparecía su discurso sobre el significado y los alcances de su concepción de la “cultura humanista” cuyas indicaciones de método, para la recuperación y valoración de la herencia de las múltiples identidades culturales de Nuestra América, se vuelven de sorprendente actualidad en el cumplimiento de la tarea todavía pendiente para la presente generación de argentinos y latinoamericanos que van a ser protagonistas del ciclo de los Bicentenarios de la existencia republicana.

En ese discurso que justamente abre el volumen de esta reedición de estos ensayos “cordobeses”, decía Mondolfo que “la multiplicación de la luz intelectual” entre los hombres no se realiza “solamente” entre contemporáneos, “sino más aún en la herencia de los tiempos y las generaciones, a través de la formación de la tradición cultural. Esta transmisión y enriquecimiento interrumpido puede [realizarse] sólo en cuanto se base en la transmisión del pasado” […] Por ello, “todos debemos saludar con viva satisfacción el difundirse, decía Mondolfo, de la exigencia de estos estudios [humanísticos] en la nación Argentina. Porque esto evidencia un gran progreso en la conciencia nacional: el progreso precisamente que una nación realiza cuando ya tiene constituida tras de sí una firme y rica tradición nacional, [y comprende] que no puede satisfacer de modo adecuado esa exigencia, sin colocar su tradición particular en el cuadro de toda la tradición universal de la humanidad, es decir -concluía el fundador del Instituto- vincular su cultura con la de otros pueblos, dirigiéndose al estudio histórico de toda la cultura en general, que es precisamente la tarea y el fin de los estudios humanistas”

IV. Entre los primeros filósofos que trataron de rescatar la exorcizada concepción del marxismo de Mondolfo fue en los años sesenta Norberto Bobbio, con una introducción a una recopilación de escritos de Rodolfo Mondolfo titulada Umanesimo di Marx, en la cual, con rigor y perspicacia, reconstruye y analiza las instancias centrales de los aportes de Mondolfo en cuanto interpretaciones de Marx después de Marx en Italia y Europa (7).

Mondolfo había recopilado treinta y dos ensayos y artículos, desde uno de 1908 -“La fine del marxismo?” que es su primer trabajo dedicado al marxismo teórico-, pasando por “Il concetto di necessità nel materialismo storico” (1912), hasta “La concezione dell'uomo in Marx” publicado en la revista Il Dialogo (nº 20, 1962), en ocasión del homenaje que la ciudad natal de Senigallia le hiciera por sus ochenta y cinco años, y el último artículo “Chiarimenti sulla filosofia della prassi” publicado en la Critica sociale, en noviembre de 1966.

Bobbio sitúa las contribuciones de Mondolfo al marxismo en el ciclo histórico que se había abierto con la filosofía política moderna desde Hobbes hasta Rousseau, con la Ilustración y la revolución francesa, con lo cual pretendía también “legitimar” históricamente el socialismo, cuyo destino a mediano y largo plazo era el de llevar adelante las “conquistas irreversibles de la revolución burguesa” -para “superarlas”- también en países periféricos como Italia. El primer aporte de Mondolfo a la comprensión de Marx está en su ensayo sobre Ludwig Feurbach (de 1909), en el cual sostiene que su “filosofía no es materialismo, sino mas bien historicismo naturalista”, al estar centrada en la relación hombre-naturaleza, al contrario de la concepción de Marx que extiende esa relación a las formaciones sociales, a los hombres y las clases, y debe considerarse un “historicismo humanista”.

La segunda contribución de Mondolfo al marxismo teórico-político, recuerda Bobbio, toma en cuenta las influencias que en él tuvo su admirado Antonio Labriola. Sobre Labriola debe hacerse aquí una breve digresión, puesto que para Mondolfo fue un verdadero maestro extra-cátedra cuya obra, central para la cultura del socialismo (no sólo) italiano culminó con el ensayo Del materialismo storico. Dilucidazioni preliminari de 1896, que Mondolfo consideró en repetidas ocasiones un texto fundamental para “el espíritu del marxismo”. El razonado reconocimiento de su estrecha vinculación con Labriola fue ratificado por él hasta el final de sus días, como lo atestigua por ejemplo una carta de 1962 a Luigi Dal Pane (todavía inédita, junto con tantos otros textos y documentos conservados en el “Fondo” Mondolfo en La Universidad de Milán, que esperan ser editados críticamente para su necesario conocimiento tanto en Argentina como en Italia) contiene una confesión explícita de su convicción: “Me he considerado siempre como un continuador de la línea trazada por Antonio Labriola en la interpretación del marxismo. Considero que mi coincidencia con él, consiste sobre todo en la comprensión de la filosofía de la praxis como núcleo y esencia del materialismo histórico […]. Yo, como él, entiendo que la relación entre las condiciones existentes y la acción histórica de los hombres es una relación dialéctica y no determinista [determinística]. El decir, que no es una acción de simple adaptación al ambiente (como ocurre para el determinismo de las corrientes teóricas del evolucionismo), sino de reacción y negación, o sea de esfuerzo para cambiar el mundo, como precisamente quería Marx” (cursiva de Mondolfo).

Pero volviendo al eje de su interpretación de Marx, debe recordarse que Mondolfo la denomina “rovesciamento della prassi”, concepto deducido de su lectura de la I y III Tesis sobre Feurbach que le permite sostener que el marxismo supera las tradicionales posiciones tanto del materialismo idealista como del burdo materialismo positivista. En toda acción humana, de una clase o de una sociedad, hay un momento constituido por la toma de conciencia de las condiciones externas y un momento práctico, que consiste precisamente en la acción innovadora de los hombres. En la unidad y recíproca dependencia de los dos momentos consiste el carácter “crítico-práctico” del materialismo histórico.

Interpretación del todo opuesta a las posiciones dominantes en la mayoría de los autores del llamado “austro-marxismo” -y más tarde de los del “materialismo dialéctico”, codificado en los desoladores manuales soviéticos-, que alcanza su punto de mayor originalidad al sostener que ni siquiera el pensamiento de Engels es, rigurosamente hablando, materialista. En Il materialismo storico in Federico Engels, Mondolfo demuestra que lejos de coincidir con las interpretaciones evolucionistas y economicistas entonces tan de moda, la concepción de Engels sería la que se elabora en sus escritos juveniles, precedentes al Manifiesto del Partido Comunista de 1848.

De tal suerte que el marxismo (de este Marx mondolfiano) es tanto una concepción general de la historia, como de los hombres y de sus acciones en ella. Semejante conjunción reside en la “praxis que se voltea” (“praxis subvertidora” en contra de la realidad del presente), porque el pensamiento marxiano y el concepto que Mondolfo denominaba “marxistico della storia”, es “una unidad dialécticamente articulada de sujeto y objeto”, que supera tanto al idealismo filosófico como al materialismo determinista, negadores ambos de la libertad de los hombres de carne y hueso, que actúan en las circunstancias y las condiciones configuradas en su específico y determinado nivel del modo de producción y de la formación social en la cual se encuentran puestos a vivir en los distintos tiempos/espacios de sus presentes históricos (8).

“Se trata –escribía Mondolfo en el ya citado prefacio escrito en Córdoba en 1940- de la concepción crítico-práctica del materialismo histórico, que es distinto del determinismo económico (y de cualquier otra de las múltiples teorías de los factores históricos) [...]. Siempre, en todo el proceso histórico, encuéntrase esta vital unidad dialéctica en cuya virtud la causa se convierte en efecto y el efecto en causa, lo condicionado en fuerza creadora, en un continuo intercambio de acciones y reacciones: entre el hombre social y sus creaciones [...]”.

Imposible reseñar aquí el debate (que duró más de medio siglo) sobre la “filosofía de la praxis”, que Labriola había entendido como “superación de la filosofía”, hasta las fundamentales elaboraciones que bajo esa misma denominación pero empleada de manera más general llevará a cabo Antonio Gramsci conocidas por sus luego célebres Cuadernos. Digo, solamente que la articulación conceptual gramsciana es la consecuencia de una interpretación mucho más amplia de la situación política en Europa, Italia y el mundo, y también de las consecuencias de la crisis teórica del marxismo después de Lenin, que lo obliga a repensar el socialismo y la revolución en Europa acuñando categorías innovadoras en textos que, sin embargo, no serán conocidos y publicados en Italia sino hacia finales del siglo pasado. Me refiero a los conceptos/términos de “hegemonía”; “hegemonía político-cultural”; “bloque histórico”; “estado-sociedad/civil”; “nacional-popular”; “revolución pasiva”; “cesarismo”; “crisis orgánica”; “Oriente/Occidente”, etc. En la medida que Mondolfo pudo leer los inéditos de Gramsci -entonces todavía sólo parcialmente editados-, volvió sobre algunas de las cuestiones que habían sido tratadas antes de que Gramsci cayera preso en 1926 y muriera encarcelado en 1937, pocos meses antes del exilio argentino de Mondolfo (9).

Cabe resaltar que la interpretación mondolfiana de Marx tenía evidentes implicaciones políticas que coadyuvaron a la fundamentación del socialismo italiano respecto al que había teorizado la II Internacional, o el que iban a producir los dirigentes del Comintern a partir de 1921 hasta su disolución en 1943 pero que sobrevivirá hasta después de la muerte de Stalin en 1953. Permitía, en breve, darle un asidero teórico al reformismo en cuanto propiciaba una visión contraria tanto al “economicismo mecanicista” como al “voluntarismo demiúrgico”. Permitía además una síntesis, entre dos culturas políticas que se habían opuesto, incluso con violencia en Italia (y luego de la primera guerra mundial en casi toda Europa), las del marxismo teórico y el liberalismo político, ambos sistemáticamente combatidos por los nazi-fascismos y el estalinismo inclusive en sus diversas ramificaciones ideológicas y organizativas en América latina.

Esta interpretación del “rovesciamento de la praxis” la defenderá el filósofo de Senigallia durante todo el siglo hasta el final de sus estudios, como lo podemos entender leyendo este ensayo sobre Spinoza. Tras haber analizado la relación del pensamiento de Spinoza con Giordano Bruno y en general con la tradición greco-occidental de la “conquista del pensamiento verdadero”, Mondolfo explica, partiendo de Spinoza, que el resultado del saber histórico se convierte, de vez en vez, en generador de nuevas condiciones para las actividades prácticas e intelectuales. De tal suerte que “la creación histórica de la cultura y de sus productos objetivos se convierte así en autocreación del mismo sujeto Humano: el proceso histórico aparece (de acuerdo con la característica expresión propuesta por Marx) como una continua conversión de la praxis”.

Aquí vuelve a emplear Mondolfo su (o, por lo menos, por él aceptada) traducción al español de “rovesciamento della prassi” como “conversión de la praxis” (10), lo cual merece por lo menos dos observaciones. La primera, según la cual “conversión” debe entenderse no como acción y efecto de convertir o convertirse por ejemplo, de una religión a otra -conforme la acepción proveniente del latín conversio/onis-, sino que esta otra acepción empleada deriva del latín convertere, es decir de convertir entendido (según el Diccionario de la Real Academia) como “hacer que alguien o algo se transforme en algo distinto de lo que era” (cursivas mías).

Con lo cual, sin embargo -y esta es la segunda acotación-, en esta versión se pierde la carga polisémica y subversiva del verbo “rovesciare” que califica la “prassi”: literalmente “praxis volteante” o “subvertidora”, según la denominación en italiano empleada por Mondolfo a comienzos del siglo pasado. Idea de “rovesciamento” que traduciría en español con voltear, poner al revés: “praxis que pone al revés” (también según la Real Academia “voltear”: “volver algo de una parte a otra, hasta ponerlo al revés de como estaba colocado”). Partiendo Mondolfo de la constatación marxiana de que el presente histórico está dominado por los procesos de “cosificación” y “alienación” (y de falsa conciencia ideológica), es necesario combatir con una praxis que los voltee, que los ponga al revés; lo cual significa e implica (no sólo metafóricamente) enderezar, poner de pie, poner derecho, lo que en la sociedad de la explotación del hombre por el hombre (y de la ideología que la oculta) está al revés: pies arriba y cabeza abajo.

Pero lo que más debe apreciarse en este texto es la impresionante continuidad de Mondolfo en la reiterada defensa de su valoración de la historia de la filosofía europea y de la colocación de Marx (y de su interpretación del filósofo alemán) en ese mismo devenir del proceso histórico, de la posible emancipación cultural y política hacia una sociedad de hombres libres e iguales. “He vinculado estas concepciones historicistas de Spinoza -nos explica el nonagenario italo-argentino- con las ideas de la praxis y de su incesante conversión (Umwälzung) en la cual Marx sintetiza la esencia del proceso histórico de la humanidad […] Spinoza, justamente, cuando destaca la vis nativa (energía innata), por la cual el hombre inicia espontáneamente y desarrolla sin cesar tanto su actividad técnica de creación de productos como intelectiva de investigación de la verdad, reivindica -contra la pretensión de subordinar ambas a una inexplicable posesión previa de instrumentos operativos y de un método de investigación- el mismo principio de la natural actividad humana o praxis cuyo olvido Marx reprocha como 'defecto principal' a todo el materialismo pasivista precedente […] De manera análoga [a Spinoza] Marx, en su Tercera Tesis sobre Feurbach, señala que 'la doctrina materialista, según la cual los hombres son el producto de las circunstancias y de la educación y que, por tanto, cambian con el variar de las circunstancias y de la educación, olvida [Feurbach] que las circunstancias son transformadas precisamente por los hombres y que el educador también debe ser educado' […] Vale decir, -argumentaba Mondolfo en contra de los usos deterministas y voluntaristas del pensamiento de Marx- que deliberadamente se 'olvidan' que la condición a la que se somete la formación y transformación del espíritu humano (circunstancias y educación) se encuentra, a su vez, subordinada a la precedente actividad creadora y transformadora humana, que tiene que forjar las circunstancias; y si esta acción debe considerarse y explicarlo siempre como un producto, se renueva para ella la misma condición y exigencia, en un proceso infinito donde no se encuentra un primer punto de partida”

La analogía que establece Mondolfo con la filosofía de su predilecto Spinoza termina aquí, donde, a su vez, comienza la comprensión “marxistica” de la historia. En efecto, “la transformación que el hombre hace de sí mismo no consiste solamente, como para Spinoza, en un aumento de sus capacidades o facultades activas y en la consiguiente expansión y el perfeccionamiento progresivo de sus creaciones intelectuales y prácticas, sino que es también una praxis revolucionaria, una reacción y oposición a los resultados y a las condiciones alcanzadas por la historia antecedente”. Es por ello que en contra del “materialismo pasivista”, Marx propone su concepción dialéctica según la cual “la modificación de las circunstancias por medio de la actividad humana sólo puede ser concebida y comprendida como autotransformación y praxis revolucionaria (Selbstveränderung und revolutionäre Praxis)”.

Estas meditaciones del anciano filósofo en las que convergen el rigor filológico y la pasión intelectual son el emblema de una obra que lo ha sobrevivido y que necesita seguir siendo estudiada. En contra de los ideólogos del “fin de la historia” y de los “colonizadores mediáticos” de las conciencias, “el socialista templado” Mondolfo nos recuerda la centralidad “creadora y transformadora” para el ejercicio de la libertad y la igualdad entre los hombres del necesario vínculo, que defendió durante toda su existencia, entre historia y cultura, entre filosofía y política.

NOTAS:

1 - Discurso en ocasión de su nombramiento como profesor honorario en la Universidad de Córdoba, 1962.
2 - Juan C. Portantiero, “Transformación social y crisis de la política”, en Controversia, n°2/3, México 1979.
3 - Juan C. Portantiero, “Bobbio y el liberalsocialismo”, en A .Filippi, Norberto Bobbio y la Argentina. Los desafíos de la democracia integral, editorial La Ley, Buenos Aires, 2006 –tema que antes Portantiero había afrontado en su artículo “Tradición liberal y tradición socialista”, La Ciudad Futura, N° 57, 2004.
4 - Carlo Rosselli: socialist heretic and antifascist exile, Harvard University Press, 1999.
5 - Il socialismo mite. Rodolfo Mondolfo tra marxismo e democrazia, Polistampa, Firenze 2007.
6 - R. Mondolfo, “La lotta di classe secondo Juan B. Justo” en  la Critica Sociale, N° 1, 1965.
7 - N. Bobbio, Introduzione a Rodolfo Mondolfo, Umanismo di Marx. Studi filosofici, 1908-1966, Einaudi, Torino 1968, pp.VII-XLII.
8 - Bobbio volverá sobre Mondolfo en un trabajo titulado “Umanesimo socialista da Marx a Mondolfo”, en AA.VV., L'Umanesimo socialista di Rodolfo Mondolfo, Centro di formazione culturale Rodolfo Mondolfo, Milano 1977.
9 - Cuestiones vueltas a analizar en  “Intorno a Gramsci e la filosofia della prassi”, Critica Sociale,  Milán, 8 de noviembre de 1955; Marx y el marxismo. Estudios histórico-críticos, Fondo de Cultura Económica, México 1960;   Da Ardigó a Gramsci, Nuova Accademia, Milano 1962; Materialismo histórico. Bolchevismo y dictadura, Ediciones Nuevas, Buenos Aires 1962; “Le antinomie di Gramsci”, en Critica Sociale, Milán, 5 de diciembre de 1963 y “Chiarimenti sulla filosofia della prassi”, Critica Sociale, Milán, 5 de noviembre de 1966.
10 - Nótese que en  la edición al español de 1940 de El materialismo histórico en Federico Engels (editorial Ciencia de Rosario), “rovesciamento” había sido traducida por Alberto Mantica como “inversión”, en tanto que aquí (en 1970) Mondolfo evidentemente permite que se traduzca por “conversión”.

Alfredo Palacios

La Vanguardia anuncia su relanzamiento en el mercado editorial con el libro + CD: Alfredo Palacios, el socialismo criollo, de Juan Carlos Coral en la colección Las huellas del futuro. 180$ (pesos argentinos, envío dentro de la Argentina incluído)

Comprar libro

 

Suscripción Revista en papel

La suscripción a la Revista Socialista incluye 3 números

Precio: $200 pesos para residentes en la Rep. Argentina.

Modo de entrega a convenir con cada suscriptor.

Residentes en el exterior haga click aquí.

Consultar precios y modo de entrega a revistasocialista@gmail.com

Adquirir suscripción

El pago se realiza a través del sitio seguro Mercadopago
¿Qué es Mercadopago?

Enlaces

 

New Left Review: http://www.lajornadaquincenal.com.ar


Revista Rebelión: http://www.rebelion.org/


Revista Nueva Sociedad: http://www.nuso.org/


Revista Sin Permiso: http://www.sinpermiso.info/


Revista Umbrales de América del Sur, CEPES: http://www.cepes.org.ar/umbrales-de-america-del-sur.html


Revista La Jornada Quincenal: http://www.prensajorgerivas.blogspot.com/


Blog de Jorge Rivas: http://www.prensajorgerivas.blogspot.com/


Blog de Oscar Gonzalez: http://saludyrs.blogspot.com/


Blog del socialismo bonaerense: http://www.igualdad-ps.blogspot.com/

 

Facebook