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LA MARCHA DE LA CRISIS y LOS EMERGENTES: DESARROLLO REGIONAL ASOCIADO y POLÍTICA NACIONAL

La crisis de la acumulación del capital a escala mundial, que aparece como financiera, debe analizarse desde lo coyuntural, estructural y largo plazo. Mientras buena parte de la prensa económica pro­gresista sigue alarmada frente a lo que percibe como “deuda externa total mundial” (El triángulo del poder estadounidense; Norberto Colominas; BAE; Martes 3/8/10) el FMI advierte que continuará la recuperación global (mientras la OCDE advierte un pico en la expansión económica de este año de varios países como Alemania, Japón y Brasil) a pesar de la persistencia de las turbulencias financieras y propicia la aceleración de más reformas y regulación (World Economic Update; julio 2010). El grado inédito, históri­co, de emisión monetaria es una condición inagotable de posibilidades de burbujas financieras y volatilidad, como, por ejemplo, en los mercados de derivados y commodities cuyos precios, según la FAO, en promedio, alcan­zaron records superando los registros de 20081[ ]. Existen riesgos de burbu­jas financieras en el mercado inmobiliario de Brasil y China.
Según informes privados, existe una burbuja inmobiliaria de inminente implosión en China, con un crecimiento a 3.5 veces el PIB (por encima
1-En este contexto, cabe destacar, se desarrollan importantes fusiones entre operadores bursátiles como NYSE Euronext y Deutshe Boerse que, de concretarse, estaríamos ante el surgimiento de un grupo financiero que lideraría el mercado de derivados y gestión de riesgos, convirtiéndose en “el mayor operador bursátil del mundo”. Mientras tanto, la Bolsa de Londres y de Toronto ya operan juntas y constituyen una plataforma mundial de cotización para empresas especializadas en recur­sos naturales, producción de energía, materias primas.
de la burbuja norteamericana —1.8 veces el PIB— y cercana, en términos de porcentaje, a la japonesa en la década del ‘80 —3.8 veces su PIB—) que pone en jaque al “pensamiento monetarista” —dado que si “enfrían la eco­nomía” la burbuja podría explotar y si se continúa expandiendo la econo­mía (pari passu la base monetaria) se estaría alimentando, dimensionando, la burbuja (Darío Epstein; Research for Traders). Los estímulos a las econo­mías de Estados Unidos y Europa continuarán para evitar la recaída (cuya metáfora alude la prensa bajo la forma de una W) y tarde o temprano una re-estructuración de la Unión Monetaria del Viejo Mundo será afirmada por la insolvencia de los Estados deudores sujetados a la política del capi­tal financiero que busca prolongar lo inevitable, una quita de deuda subsi­guiente a la organización devaluada de la moneda nacional.
No obstante, cabe mencionar respecto de la burbuja inmobiliaria en Chi­na, que fue sugerida por George Soros en el 2008. Soros adjudica la causa (menos en el mercado inmobiliario, donde, en todo caso, repercute) en el traspaso a manos privadas de algunas empresas de propiedad estatal. Esta­ríamos por presenciar un proceso donde al hacer quebrar una serie de em­presas estatales serían absorbidas, rápidamente (inflarlas, sobrevaluándolas 40 veces las ganancias del año entrante, generando un proceso especulativo que al explotar, colapso del precio mediante, se encubre el paso de manos) por managers otrora burócratas del PCCH. Creemos que esta es la causa por lo cual le está resultando tan difícil a China la intervención sobre este mercado, altamente apalancado y especulativo.
Es importante detenerse en una precisión conceptual respecto de esta per­cepción de una “deuda total mundial” que la prensa nacional no se cansa de repetir: No existe tal situación que presupone algo así como el mundo endeudado consigo mismo. Existen países prestamistas-países deudores y la particular posición de Estados Unidos por el sistema del dólar, esto es, su poder político-financiero. El déficit en cuenta corriente de Estados Unidos (paralelo al hecho de que Estados Unidos, en 2008, posee más inversiones directas fuera —3332.8 miles de millones de dólares— que dentro—2422.8 miles de millones de dólares—, o sea, es acreedor neto) tiene como contra­partida los superávits en cuenta corriente de Japón, China y misceláneas. El déficit fiscal norteamericano se debe al gasto militar y a los rescates; El déficit externo por el traslado de sus industrias a Asia y por las importacio­nes a los emergentes. Como Estados Unidos tiene sus pasivos en dólares y sus acreedores, en dólares, sus haberes, una devaluación o depreciación
del dólar implica ganancias para EUA, y sus inversores, y pérdidas para sus acreedores, mientras la apreciación del dólar significa pérdidas para EUA y valorización de los países que tienen descomunales sumas de activos en dólares como Japón y China.
El mundo de conjunto no se endeuda sino que se divide en deudores y acreedores netos. Esto explica por qué el financiamiento, mediante la in-mensa compra de Bonos del Tesoro, de la guerra contra el Eje del Mal sella el surgimiento de China como auténtico vencedor de la guerra estadouni­dense contra el Terror. Tal proposición extracta, ajustadamente, la tesis que planteó Giovanni Arrighi en su libro “Adam Smith en Pekín” y que, desde distintas academias del mundo, se condensa como instrumentos para pen­sar la coyuntura y su anuncio o no de una nueva “onda de larga duración”: Lejos de observar la quiebra de conjunto del capitalismo, estamos viviendo la aceleración del desplazamiento hacia una re-organización hegemónica centrada en el sudeste asiático con eje en China Mayor2. A su vez, la organi­zación política Estado centrista que utiliza al mercado mundial como ins­trumento de poder político de una burguesía nacional-estatal con voluntad de expandir sus negocios a escala global, como es el caso de Taiwán-China y Rusia, acosa como fantasma elefantiásico en determinadas fracciones de
2-En un sentido cultural, económico y geopolítico, la China comprende no sólo la República Po­pular sino también Hong Kong, centro empresarial que a partir de 1977 se convirtió en una Región Administrativa Especial, con su propia jurisdicción en materia de comercio e inversión extranjera; Taiwán, isla tecnológicamente avanzada pese a su discutible situación política (la China la considera una provincia rebelde) que se está integrando más y más en la economía china; Singapur, predomi­nantemente chino, centro manufacturero de alta tecnología y base de muchas empresas multina­cionales; y una vasta diáspora china que ocupa las filas de muchas de las elites comerciales del Asia sudoriental, las cuales ejercen sus actividades en los círculos de los negocios del mundo entero. Júntense estas piezas del rompecabezas chino y se encontrará un potencial sin igual: concentración de recursos humanos, las más numerosa del mundo y que incluye un gran número de científicos, ingenieros y ejecutivos veteranos; una infraestructura tecnológica avanzada que progresa con rapi­dez; una posición de liderazgo en muchas de las nuevas tecnologías (Taiwán es la mayor producto­ra mundial de computadoras portátiles); amplio capital; una posición dominante comercial; bases importantes y sedes regionales de compañías multinacionales (Shangai, Hong Kong, Singapur); y conocimiento de los negocios globales (diáspora china). Este “rompecabezas” es la China Mayor o Gran China: Con un valor de cerca 1.4 millones de millones de dólares, el comercio de mercancías de la China Mayor (la República Popular China, Hong Kong, Taiwán y Singapur) sólo es superado por la Unión Europea y los Estados Unidos, y constituye casi el doble del volumen japonés. En la nueva economía global este volumen constituye la base de un enorme poder de negociación, a tiempo que otros países sopesan su respuesa a las cuestiones comerciales y económicas en el contexto de sus propias exportaciones. La China Mayor se está convirtiendo rápidamente en el núcleo de una economía asiática más grande aún y en expansión. La China continental ya es el mayor mercado de exportación para Corea del Sur, mientras que la China Mayor es el mercado más grande para casi todos los demás países del Asia. (Oded Shenkar; El Siglo de China; Bolsillo; 2008)
las burguesías latinoamericanas. A esta organización oponen los valores del individualismo liberal contra la sofocante intervención del estatismo per-verso. Para el mundo esta ecuación no suscita un problema de discursos, que tanto desvela a nuestros mediáticos pensadores rápidos, sino la apuesta constante a la regionalización material del poder.
Los ministros de la ASEAN expresaron en la 42° reunión anual “la voluntad y determinación” de alcanzar el objetivo del establecimiento de un único mercado común libre para la región en el 2015 (XINHUA). China ya había logrado la casi completa reducción de tarifas en varios países del ASEAN y, en particular, la ratificación de un tratado de libre comercio con Taiwán (Global Times; 19 de agosto de 2010). La región gobernada por el KUO­MINGTAN, luego de 12 horas de debate, aprobó por mayoría un tratado de libre comercio con China, respaldado por la banca taiwanesa que bus­ca expandirse y la industria pequeña-mediana, con proyección de bene­ficios para 23.000 PyMES, una creación de empleos de 260.000-270.000 en Taiwan. La firma de ese tratado especuló, con acierto, en el salto ahora consolidado al mercado ASEAN, a través de la conducción del Estado chi­no, para la burguesía histórica respalado del KUOMINGTAN. Es noticia de todos lo días las estadísticas de que China desplaza a Japón como la segun­da economía mundial y las proyecciones del Banco Mundial afirman que lo hará también respecto a Estados Unidos por el 2025.
Estas razones explican por qué el Financial Times, a través de sus colum­nistas, usual y tácitamente, se pregunta si el Sudeste Asiático va a plegarse a una conducción regional con peso en China o si van a sopesar su influencia con Estados Unidos con el propósito de hacer jugar su poderío nacional y evitar una dependencia, cada vez más creciente. (Power Play in the South China Sea; Financial Times; 9-08-2010). Tales son las tendencias de largo término de la economía mundial del capital tecnológico. Volvamos.
Es irreal que el endeudamiento sea global, que involucre a todos los países y regiones y que el capital financiero busque quemar esos “papeles” a costa de todos los capitales productivos del mundo pasando por alto una inmensa cantidad de mediaciones, tan reales como analíticas. Sucede que no puede existir desarrollo de las fuerzas productivas a una escala mundial sin mun­dialización del sistema financiero y la mundialización del sistema financiero es condición, a su vez, del financiamiento del desarrollo de fuerzas producti­vas supra-nacionales. La “crisis griega”, por ejemplo, no puede comprenderse
como un saqueo de los bancos a la economía productiva de Grecia de forma unilateral sin previa compresión de la dinámica productiva, su comparación con otras productividades de la Eurozona, bajo el manto monetario de la moneda común. La crisis financiera que se desata, con el proceso producti­vo como fundamento, acelera, agrava las cosas, esto es, hace emerger en la superficie de la sociedad los términos de la contradicción (capital-trabajo) destruyendo todas las ilusiones que se habían alimentado hasta entonces con deuda y crédito. Los argentinos tenemos 10 años de experiencia y sin aceitada teoría atisbamos un conocimiento inmediato del desmadre.
La denominada “crisis griega”
Cuando Grecia adoptó, en 2002, el euro como moneda, los niveles de pro­ductividad de su economía eran aproximadamente un 88% de la productivi­dad promedio de la Unión Europea y, desde entonces, la competitividad se fue erosionando. A partir de 2002 existió cierta euforia inversora, y entrada de capitales, destinados al crédito para el consumo de hogares, financiar la obra pública. Lo decisivo fue la fuerte presión competitiva del capital ale­mán. Para Alemania la adopción del euro significó una devaluación cam­biaria con relación al antiguo marco. Estos datos son corroborados por las estadísticas de productividad de la OECD. En 2008, y con un índice EUA = 100, el producto por hora trabajada en Grecia era de apenas el 58% del de EUA (el de Alemania era el 91,4 y el de Francia el 96,2). Dicho de otro modo: el capital tecnológico alemán, al dominar la escena de la economía de la Unión Europea, impone a los países de menor potenciación del trabajo las condiciones estructurales de su déficit en cuenta corriente, que el capital financiero europeo fue cebando, alimentando3, con lo cual, al tiempo que financiaron proyectos productivos públicos, taponaron la diferenciación de la productividad del trabajo, postergaron las contradicciones de la economía europea, bajo la ilusión de la moneda común, hasta que saltaron todas jun­tas en la apócope racista PIGS. Mientras tanto, los especuladores hicieron una gran fortuna apostando a un dólar devaluado, tal como se deduce de la columna de Soros “The euro will face bigger tests than Greece” (Financial Times; 2/21/2010) que hay que poner en relación con “Hedge Funds Try
3-En 2010 los bancos alemanes tenían una exposición de US$ 45.000 millones en Grecia; los fran­ceses de US$ 75.000 millones; y los ingleses de US$ 15.000 millones, según el Wall Street Journals Americas, 18/06/10 y, obviamente, los bancos griegos intervienen en el casino del derecho al plus-valor.
“Career Trade” Against Euro” donde se detalla una cena de CEOs de fondos de riesgo, en Manhattan, para “comerse al euro”, como publicó, también, el diario EL PAIS. ¿Cómo explicamos lo que de conjunto acontece en Europa? Creemos que el capital tecnológico, de fuerte presencia alemana, provocó una brusca devaluación de conjunto para la zona del euro, una tenaz y duradera desvalorización de la fuerza de trabajo europea (los países de la OCDE deben crear 17 millones de empleos para recuperar las tasas pre-crisis) por la nece­sidad apremiante de la competencia capitalista que se implica con el ascenso del capitalismo asiático, al tiempo que capturan a los estados de menor po­tenciación tecnológica del capital a la dinámica financiera encabezada por el acuerdo del FMI con el BCE (tanto la FED como el BCE han anunciado que mantendrán mínimos históricos en sus tasas de interés de referencia) funda­mentalmente comandado por los intereses alemanes, franceses e ingleses, en un contexto turbulento que volvió a encontrar a los bonos de USA, Alemania y al oro como reserva de valor. Es por esta misma razón que Alemania vedará todo intento de Estados Unidos de plegarse, digamos “tardíamente”, a una dinámica regional con la Unión Europea, abriéndose la incógnita sobre las relaciones de esta potencia con Rusia, China e India. Dicho de otro modo: las potencias europeas no impusieron los ajustes para ingresar a “los noventa” sino para sujetarse, estrictamente, a la competencia capitalista mundial del
XXI. Sostener que la Unión Europea entró a la “convertibilidad argentina” es pensar que la economía mundial cabe entera en un cafecito de la Capital Federal. No obstante, la analogía captura y advierte el proceso: la Argentina salió del hipnótico 1 a 1 no por decisión consciente sino por necesidad de la implosión. Del mismo modo, Portugal, España, Irlanda y España no es por decisión soberana que se alejarán de una zona euro reestructurada sino por necesidades de deudor agónico.
Remarcamos: El poder político del capital financiero emerge de la situación esbozada pero este poder no debe comprenderse de modo unilateral como una dictadura de las finanzas sobre la producción porque el entrelazamiento es mucho más profundo, complejo, y se enreda en todo el poder de la bur­guesía sobre la fuerza de trabajo. Permite vislumbrar el porqué de la urgencia de los rescates, en Estados Unidos y la Unión Europea, para sostener este poder (político-financiero) y evitar una recesión inmediata-global (produc­tiva) mientras que la emergencia cada vez más asociada indica la progresiva necesidad de un sistema financiero regional (la fuga de capitales no sólo azo­ta a la Argentina, este año la fuga de capitales en Brasil fue de 4.279 millones de dólares, en una economía en plena recuperación –en el primer trimestre
de 2010, Brasil creció al 9%— la mayor huída desde diciembre de 2008). La OCDE pronosticó que el Producto Bruto Mundial para el 2030 estará un 60% representado por las economías emergentes, de manera tal que el peso del apócope BRIC creado por Goldman Sachs, es decir, por las instituciones del capital financiero es, a su vez, un emergente entrelazamiento de valor mer­cantil: Tendencia es reconocida por la OCDE como una “transformación es­tructural de largo plazo” (Angus Maddison; OCDE; 2010). Los países emer­gentes impulsan la acumulación en la economía mundial, que crecerá por encima del 4% en 2010 y 2011, si bien lo hará con mayor intensidad este año hasta el 4,4% frente al 4,1% el próximo. (Informes BBVA 3-08-2010).
El capitalismo tiene salida y esa salida desarrolla la presión competitiva por la innovación tecnológica o potenciación del capital. Por ejemplo, la empresa Terrafugia, fundada por ingenieros del MIT, hace semanas anunció la salida del Transition, primer automóvil volador, mientras la India acaba de infor­mar la salida de la computadora “más barata del mundo” ($100). La interna­cionalización creciente, impulsada por la crisis, es una verdadera nueva fase de diferenciación económica mundial del capital que sujetará, sin duda, a los Estados Nación a nuevas presiones y desafíos. Afirmar que el mecanismo de salida de la crisis pasa por el aumento de la explotación del trabajo, por las desvalorizaciones del capital, por el hecho de que en el 2009 las 500 empresas FORTUNE hayan suprimido 821.000 puestos de trabajo (record histórico) y, a la suba de las ventas, se compruebe el aumento de productividad, equivale más o menos a una cita de las enseñanzas de Carlos Marx. Pensar es pensar una diferencia histórica, no comprobar la vigencia sagrada de los textos: la globalización no trata de la competencia inter-estatal por el capital (financie­ro-industrial-lucha imperialista por conquistar mercados nacionales) sino de la competencia interestatal, en el mercado mundial, para hacerse de capital tecnológico. La lucha competitiva del siglo XXI debe interpretarse como una guerra por hacerse de capital tecnológico y la innovación tecnológica como la forma de subordinación sistémica en los mercados nacionales, regionales, mundiales.
Mercorsur ampliado
La relación con China e India, de América Latina, sigue enmarcándose en una diferenciación exógena de la economía bajo el modo del commoditie (soja en Argentina, cobre para Chile, Petróleo para Venezuela, renovados acuerdos bilaterales, recientemente se firmaron con Uruguay. China es, en todos es­
tos casos, inclusive Brasil obviamente, socio cabeza en todos los ranking y explicación de la bonanza de dólares en sus respectivos Bancos Centrales). La estrategia de desarrollo sigue siendo débil (a pesar de impulsar nuevas sustituciones de importaciones). Argentina, a través del MERCOSUR, está impulsando, sostenidamente, una posición política de negociación (Código Aduanero para la región, el impulso de Brasil y Argentina para integrar la cadena automotriz bajo la forma de “comercio administrado”, la mediación de Néstor Kirchner en la UNASUR para dirimir disputas hacia adentro, etc) para el bloque que fortalezca una situación de autonomía relativa, como lo prueban 210 tratados de nuestro país con países del MERCOSUR amplia­do, 51% del total mundial y el 89% a nivel regional o 5 de cada 10 tratados (Centro de Estudios “Nueva Mayoría”; Lic. Milagros López Belsué). Son estos mismos acontecimientos recientes (Código Aduanero, integración en las ca­denas de valor) los que denuncian la lentitud del bloque para una estrategia de desarrollo regional. A diez años de su fundación: De Unión Aduanera a Unión Productiva, la marcha es pausada.
Es importante recordar que son las desigualdades en dimensiones las que explican la existencia del MERCOSUR, no la fortaleza de los países miembro. Se trata —siempre se trató— de una unión en la debilidad para potenciar lo que, en soledad, resulta, económicamente inviable en el contexto de la acu­mulación global del capital. Si todos los países que integran el MERCOSUR tuviesen el mismo peso que hoy Brasil estaríamos debatiendo los términos de la competencia tecnológica del capital, como las disputas que acechan a In­dia o Alemania respecto de las patentes intelectuales4. El hecho de que Brasil posea la población cuatro veces la suma del resto de los estados parte y que el PBI de Paraguay represente su 1% o el de Argentina, apenas, el 20%, no es un argumento salvo para aquellos que crean que hasta que todos los estados parte no adquieran el peso de un Brasil la idea de un poder de negociación regional será la fachada de una pueril ilusión de conjunto para encubrir la impotencia o la dependencia al gigante responsable del 70% de las exporta­ciones totales. Las dificultades del bloque, su fortaleza lenta, no emerge de las
4-El 10 de junio de este año India ganó una disputa científica a China respecto de patentes en 2 plantas medicinales y desde el año 2000, y luego de 8 años de trabajo por parte de 200 científicos, consolidó una base de datos detallada de sus fórmulas de medicina tradicional traducidas desde el hindú, sanskrit, árabe, persia, urdu, tamil a cinco lenguajes internacionales: inglés, japonés, alemán, francés y español. El resultado es una Tradicional Knowledge Digital Library que contiene desde herencia medicinal a posturas de yoga, más de 200 mil prescripciones de medicina alternativa o natural y 30 millones de páginas de detalle; (ASIA TIMES; 29 de junio).
visibles diferencias entre Brasil y el resto sino de la posibilidad de articulación y planificación, expansión y financiamiento con Brasil como conductor. Esto es obvio. El problema no es que en el MERCOSUR no “hayan muchos brasi­les” sino de la capacidad de planificación económica y acople emergente aso­ciado con proyectos de potenciación tecnológica regional. Antes que nada, debemos aprender a pensar en términos de relaciones regionales.
La destrucción o debilitamiento de esta política, que es la condición sine qua non para una mayor industrialización nacional y una mayor absorción de fuerza de trabajo regional, equivale a una posición ya no sólo subordinada y dependiente sino a la profundización de la exclusión para la mayor parte de la “pobreza estructural”, naturalizada por la sociedad y persistente hasta la fecha. La pregunta del sentido común ¿hay lugar para la industria en la región? debe responderse con realismo. Es cierto que no se puede competir con salarios de $100 que causan suicidios en el régimen asiático y que no es nada fácil con empresas como las farmacéuticas globales, cuyas ganancias superan las reservas de nuestros Estados. Pero entre estos dos extremos del capitalismo mundial hay una gama extraordinaria de posibilidades de desarrollo y plani­ficación regional. En los meses de recuperación, entre noviembre de 2009 y mayo de 2010, las exportaciones de los BRIC crecieron un 47.2% mientras que las del Grupo de los 7 tuvieron una variación de apenas el 1.9%. Tal no es una “tendencia reciente” sino la consolidación de una dinámica que viene desde las últimas décadas. Las exportaciones del Grupo de los 7, hacia 1995, repre­sentaban el 66.2% de las exportaciones totales de los países de la OCDE, diez puntos menos hacia 2009 con un 57.1%, mientras los BRIC crecieron, en los últimos quince años, un 492.8% y el G7, en igual período, creció sólo un 73%.
Contra esta posibilidad histórica de reindustrialización emerge el programa de la Sociedad Rural como conducción del grupo opositor, explícitamente, enunciado por la señora Chiche de Duhalde: “Si tenemos que dejar de cons­truir caminos para hacer más cárceles, hagamos más cárceles”.
Panorámica nacional
La interpretación de la economía argentina en el contexto de la economía mundial queda clavada al eje respecto del cual se mueve la decisión de la política económica del Estado: el tipo de cambio.
Desde el 2003 hacer la exégesis de la política concentrada del país es enten­der este norte y el movimiento de las fichas a su entorno. Todo lo que la Argentina posibilita e imposibilita parece consultar el tipo de cambio con pasión de astrólogo: El tipo de cambio real multilateral (TCRM) —que mide la competitividad del peso frente a una canasta de monedas de los principa­les socios comerciales— se ubica aún un 60% arriba de diciembre de 2001 y con un dólar a 4.20 todavía el tipo de cambio sería un 30% superior al ocaso convertible. Brasil, atraso cambiario y el REPRO explican el sostenimiento del empleo PyME y la recuperación de lo perdido desde el 2008, o sea, 160 mil empleos que fueron, directamente, destruidos por el nervio de la crisis. El 2010 consolidó la recuperación; el “boom del consumo” es el efecto de las inversiones del capital.
La entrada de divisas, acumulada por el Banco Central, alcanza la suma nece­saria para que la gimnasia especulativa de la fuga de capitales de la burguesía doméstica no envíe, de conjunto, al sistema económico nacional a un nuevo precipicio. Cualquier faltante de dólares queda cubierto. ¿Y la inflación? Exis­te, es una obviedad, pero no tiene una dinámica de ascenso en espiral porque la demanda tiene techo, esto es, “control” vía paritarias y el gobierno financia acceso al crédito a “tasas blandas” (Banco Nación y Banco Central, principal-mente, y ANSES respecto del financiamiento de infraestructura, automóviles y energía, es decir, Atucha II) a las PyMES que funcionan algunas con capaci­dad instalada y otras con margen de capacidad ociosa porque están rindiendo, productivamente, inversiones 2008-2010. El énfasis de intervención debe cen­trarse, fuertemente, sobre los el rubro alimentos donde se condensa la presión del poder opositor agrario sobre el conjunto de la sociedad. Los acuerdos de la Secretaría de Comercio y el Mercado Central deben hacerse mucho más sistemáticos, generales y amplios de forma tal de conectarlos, masivamente, con el consumo a través de las ofertas de precios. La intervención masiva, po­líticamente adelantada al juego opositor-mediático, de una red tendida entre Transportes y una operatoria de escala que conecte al Mercado Central con la sociedad podría contribuir a la contención y baja del precio de los alimentos. Los intentos son, aún, incipientes, no contundentes, coyunturales, tibios. En términos monetarios, al crecer la inflación, sube la recaudación y que­dan financiados los sectores subsidiados (energía, trasportes, servicios públicos, etc) que incluyen los aumentos a jubilados, empleados públicos, asignación universal, trasportes, etc. Dicho de otro modo: bajar salarios sin ninguna medida “anti popular” equivale a disfrazar la inflación económica real en una puja nominal en paritarias. Por eso, la demanda depende cada
vez menos de los ingresos de los trabajadores que de la maquinaria crediti­cia de los bancos privados para financiar “en cuotas sin interés” el consumo de los segmentos medios-trabajadores de la sociedad. La banca, a su vez, se expande sobre el segmento PyME porque sin una política de planificación del desarrollo regional asociado el único modo de reestablecer las súper­ganancias del 2002 es equiparse con importados bajo la “convertibilidad 4 a 1” para ampliar capacidad instalada y, en vísperas de una devaluación ofi­cialmente rechazada, reducir los costos salariales en un marco “revitalizado” “oxigenado” de competitividad del denominado “modelo productivo neo­desarrollista”. La política crediticia tanto a capitales chicos como a los gran­des capitales a los cuales se atrae con jugosos negocios en infraestructura pública, es el arma actual del gobierno para ensanchar la producción insta­lada, en el corto plazo hasta las elecciones. Los empresarios entran, sucesi­vamente, a la red crediticia extendida por el gobierno (Banco Nación, BICE, Fondo del Bicentenario), las importaciones de bienes de capital reproducti­vo (tecnología; máquinas y equipos) se incrementaron durante todo el 2010, pero la tasa de empleo se encuentra estancada encontrando serias dificulta­des para crecer por encima del nivel que se encuentran actualmente.
El “modelo productivo” ya no es capaz de crear empleos con la intensidad de su vigoroso inicio (regresando, por erosión del tipo de cambio, a los niveles convertibles en 4 a 1, sólo subsistiendo una competitividad bilateral respecto de la moneda brasileña, razón por la cual la industria ligada a esa diferencia con Brasil explica el 70% del boom industrial endógeno mientras que, para el resto de los sectores industriales, el crecimiento, en 2010, fue menor al 10%) aunque sus éxitos proporcionen el “boom” de mercado pre­ciso (PyME, clase media trabajadora y tradicional) para que la banca, pú­blica y privada, las multinacionales y las privatizadas, reconviertan el piso productivo alcanzado en acumulación financiera. A esto se lo combate con mayor “sustitución de importaciones”. No alcanza.
El Ministerio de Industria, bajo la conducción de Débora Giorgi, está dan­do pasos que juzgamos fundamentos para la unidad político-económica del bloque MERCOSUR, que obviamente no debe estancarse en lo insti­tucional, diplomático e imaginario (latinoamericanismo) sino en la mate­rialización de cadenas de valor mercantil regionales asociadas. Es imperio-so, entonces, el avance y profundización de la planificación de proyectos productivos asociados para producir, internamente, capital tecnológico y la ciencia básica que lo gesta.
La política de desarrollo asociado solicita, en rigor, una política científica de ciencia básica para la región. Esto define, a nuestro criterio, el piso y la condición para una verdadera negociación con el avance de China en la geopolítica global.
A lo largo de la historia del capitalismo desenvuelto en el país, por lo me-nos desde 1914, la forma de la acumulación estuvo, hasta 1976, cada diez años y un poco más, en constante disputa. El ‘30 no equivale al ‘45, el ‘45 no es el programa del ‘58 ni el ‘58 el del ‘66, ni éste el del ‘73 y la mayor continuidad es la del período ‘76-2001. Afirmar que desde el ‘76 hasta el estallido del 2001 se trató de una valorización financiera es nuevamente, de modo unilateral, reducirlo a una caricatura en la que los bancos y las finanzas oprimen a la industria. Desconocer el peso del capital financiero es una torpeza simétricamente extrema: ramas enteras desaparecen, otras se achican hasta volverse irreconocibles, la fábrica se vuelve un bolichito miserable, sólo en los 90s desaparecieron el 30% de los establecimientos fa­briles y una proporción semejante de empresarios, técnicos, trabajadores5. Las condiciones de la economía argentina hacia 2003 regeneraron la direc­ción de la acumulación con mayor necesidad de mano de obra intensiva, motorizando la percepción de un “modelo productivo” cuyo opuesto, en el 2001, suponía la completa dolarización de la economía y, actualmente, la oportunidad para que, atada a los BRIC, se termine la devastación de la tierra con glifosato. Si no superamos el “commoditie” con una política de desarrollo regional asociado la oportunidad de reindustrialización emer­gente, denominada “armoniosa” por la Presidenta, se cristalizará como “re­laciones carnales asiáticas”.
Lo que, en el mejor de los casos, se debate en el presente es inédito desde hace 38 años: un proyecto de largo plazo. ¿Cómo pensar un desarrollo del mercado en el capitalismo del siglo XXI? La carga, el peso, la historicidad de aquellas disputas marcan un eco latente, donde cada sector esgrime un particular dibujo de “modelo económico”. Es menos una especie de revival de “Unión Democrática” que un cúmulo de intereses y ambiciones individuales.
Además del fútbol, los argentinos vivimos pasiones más profundas y visce­
5-La literatura sobre la destrucción industrial de este período es abundante y, parte de ella, toma en cuenta a los poderosos que lograron, dólar barato mediante, la potenciación tecnológica de la productividad de sus plantas industriales y empresas.
rales: el miedo y el acuerdo en no estar de acuerdo como único acuerdo; ciénaga de nuestro pobre narcisismo.
Fuentes bibliográficas
 Adam Smith en Pekín | Giovanni Arrighi | (Akal; 2007)
 Dos modelos en pugna, el productivo y el agrofinanciero en medio de la crisis mundial Carlos Abalo | (Revista Socialista; número 3; 2010)
 El capital tecnológico | Pablo Levin | (Catálogos; 1997)
 Los Kirchner y el modelo Putin | Editorial La Nación | (12-09-2010)
 Nuestro pobre individualismo | Jorge Luis Borges | (Otras inquisiciones; alianza; 1998)

Alfredo Palacios

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